Generales en el Congreso, un experimento

Si la legislatura constituyente, la de 1977, trajo la novedad de exilados perdedores de la Guerra Civil como Pasionaria egresados como diputados la próxima legislatura, la XII, puede traernos la de generales con muchas credenciales en la misma condición. De los tres candidatos en las listas de VOX hay dos, Rosety (marino) por Cádiz y Mestre (aviador) por Alicante que salen con posibilidades de obtener escaño. Y un tercero, Castellón, para el que concurre el general Aserta (tierra), presenta más exigencias.

El primer distrito, Cádiz, otorga 9 asientos en el Congreso que ahora se reparten 3 para PP, 3 PSOE, 2 Podemos y 1 Ciudadanos. El último escaño (PSOE) se obtuvo con un resto equivalente al 9%, que a la vista de las encuestas parece al alcance de VOX.

El segundo, Alicante, otorga 11 escaños (5 PP, 3 Compromis, 2 PSOE, 2 Ciudadanos). El último escaño asignado (Compromis) requirió el 8% de los votos, porcentaje que puede estar al alcance de VOX.

En Castellón, con cinco escaños el último escaño correspondió a Ciudadanos con consumo del 15% de los votos, que aparece como un listón alto para VOX.

Los resultados del próximo 28 de abril tendrán sustanciales diferencias con los de 2016 pero los porcentajes citados para lograr un escaño no tendrán desviaciones significativas. De manera que es muy verosímil que al menos dos militares con rango de general (en la reserva) obtengan escaño y se sienten en la cámara con presencia en varias comisiones.

Generales en el Congreso es un dato nuevo, raro; incluso un dato extravagante en las democracias europeas y incluso en la norteamericana donde los militares jugaban un papel relevante pero más en el ejecutivo que en el legislativo.

La primicia de los generales como candidato corresponde a Podemos que paseó a su teniente general Rodríguez por dos convocatorias para cosechar sendos fracasos en Zaragoza y Almería. Los socialistas también han captado militares en la reserva pero de distinto rango y trayectoria, más como disidentes que como jefes de los ejércitos. La lógica parlamentaria tiene poco que ver con la propia de la milicia; si alguno de estos generales, todos ellos con mucha experiencia de obediencia y de mando, llega al Congreso tendrán que practicar un esmerado ejercicio de adaptación a los usos y costumbres propios de un Parlamento.

Las protestas de la ministra de Defensa por estas candidaturas están fuera de lugar, entre otras razones porque ella misma en su condición de magistrada, un oficio que de alguna manera compara con el militar, debilita su argumentación. Los generales en la reserva tienen derecho a una carrera política en el Parlamento. Es raro, tiene algo de extravagante, pero el sesgo de la política actual discurre por esos caminos novedosos. Otra cuestión es cómo van a soportar los escaños estas personas cuya profesión responde a otras exigencias y características.