Listas y primarias, mandan los jefes

Contaban el sucedido de quien pretendía la castidad y colocaba una tabla para separarse de su pareja en el lecho. ¿Y si viene la tentación?, le preguntaron: Pues se quita la tabla, respondió. Amén. Ese es el principio de los partidos a la hora de respetar la democracia interna que implican las primarias para elegir candidatos. Componer las listas de candidatos y, sobre todo, el orden de las mismas, constituye el ejercicio de autoridad (poder) más relevante para los líderes de los partidos, de todos los partidos, de los nuevos y de los viejos, aunque sea con desigual intensidad.

En los viejos partidos Sánchez y Casado se han empleado a fondo estos días para dejar claro quién manda en ambos partidos. Los resultados de las primarias han sido revocados en cuantas listas no han respondido a la preferencia del equipo dirigente. Los estatutos de los partidos les autorizan ese tipo de ajustes de cuentas, pero casan mal con la voluntad integradora, democrática y pluralista que predican los líderes en el discurso oficial, en el bla, bla, bla que la realidad se ocupa de arruinar. Muchas veces son ejercicios de autoridad para dejar muy claro a los dirigentes regionales que en ese trance no mandan.

Si los líderes creyeran de verdad en las primarias se ocuparían de convencer a la militancia para que apoyaran a sus candidatos preferidos y aceptarían los resultados de las primarias aunque discreparan. Significaría que aceptan limitación de poder, pero ganar autoridad. Pero suelen razonar de otra manera, tratan de acreditar poder y de trasmitir a los cuadros que la lealtad tiene más rendimiento que cualquier otro factor, que merece la pena.

El mayor problema de la democracia española no está en las leyes, ni en la Constitución ni en el sistema electoral…  está en las personas y en como ejercen el poder los jefes de los partidos. El problema es de concentración de poder en los partidos, en sus dirigentes que hacen las listas y seleccionan candidatos propios y también para componer las instituciones del Estado. Y no es lo más frecuente que para esa selección se tengan en cuenta criterios de idoneidad y búsqueda de los mejores.

Sánchez ha mandado a Ignacio Urquizu, un joven sociólogo con reputación y mérito, a las listas autonómicas aragonesas (cuarto por Teruel) tras haber ejercido de diputado de esa provincia en Madrid la pasada legislatura. Urquizu aspiraba a conseguir un segundo diputado tras un buen desempeño en la provincia, pero tendrá que conformarse con el traslado a la política regional. También puede reanudar su carrera académica en la universidad y retirarse de la política. Parece que su lealtad al partido está por encima de esa tentación, pero… El universo socialista andaluz también está alborotado con letras que se presentan al cobro al vencimiento, aunque al tiempo se firman otras que vencerán más adelante. En el PP la renovación es más a fondo, con criterios generacionales y de afinidad personal. Primarias, sí, pero más aparentes que otra cosa.