El “gobierno hueco” de Rajoy desenmascarado

Los testimonios del martes y miércoles en el Supremo con las declaraciones de los testigos: Millo, delegado del gobierno, de los Cobos, coronel de la Guardia Civil, y la secretaria judicial de Juzgado 17, dibujan un gobierno Rajoy impotente, incompetente y hueco. También dejan en evidencia la rebeldía de altos cargos del gobierno de la Generalitat, fundamentalmente de su policía y más en concreto de su jefe el comisario Trapero sobre el que se ha dibujado un cuadro completo de conspiración y desobediencia al Poder Judicial.

Los citados testimonios han exigido de los abogados extremar sus defensas para desacreditar a los testigos con resultados muy dudosos. Los testigos resistieron con serenidad las acometidas y el presidente del Tribunal mezcló tolerancia y firmeza en los interrogatorios.

Que la cosa no va bien para los acusados (peor para algunos que para otros) se notó a primera hora del miércoles cuando la portavoz del gobierno catalán, Elsa Artadi, recurrió a la magia tramposa del lenguaje, al uso abusivo de las palabras, en una comparecencia en la que utilizó el concepto “negacionismo” para descalificar la narración de hechos de los testigos Millo y de los Cobos. Artadi sostiene que ambos pretenden negar de la violencia policial el día 1 de octubre.

La manipulación resultará escandalosa para quienes conocen el alcance de ese concepto de “negacionismo”: “quien niega la realidad para evadir una verdad incómoda”; Hay “negacionistas” del cambio climático, del Holocausto, de la teoría de evolución de las especies… pero extender ese concepto a los hechos conocidos, probados, del “procés” es un exceso propagandístico muy malicioso.

Pero si los responsables del “procés” salen malparados de los interrogatorios de estos días, tanto o más queda el gobierno Rajoy con el presidente a la cabeza. Los testimonios la semana pasada de Rajoy y de su vicepresidenta y del ministro del Interior, fueron irrelevantes, irresponsables, inconsistentes y lamentables. No se enteraron de nada, no hicieron nada, no entendieron nada. Ni defendieron al estado, ni cumplieron su juramento de defender de la Constitución. Tampoco han dado explicaciones.

De hecho, el gobierno Rajoy ratificó la hipótesis de los responsables del “procés” sobre la ineficacia y debilidad del estado español. El gobierno fue inane, pero no lo ha sido el Estado que va más allá del gobierno. El desarrollo del juicio ante el Supremo pone de relieve que hubo y hay un poder judicial que exige responsabilidades y que defiende la Constitución.

Dos pequeños detalles evidencian algunas miserias de los defensores de los “indepes”: uno de los abogados requirió a Millo para que precisara si sabía quién había escrito en una pared “Millo muerte”. El testigo fue concluyente, no lo sabe, pero sí que quien lo borró fue su hija. ¿Alguno de esos pacíficos y benéficos “indepes” ha pedido disculpas o se ha solidarizado con Millo al sufrir una amenaza semejante? Otro de los abogados manifestó su reserva a que no se emitiera por televisión el rostro de la agente judicial acosada en la consejería de economía que comparecía como testigo. ¿Por qué quería que se difundiera su imagen?

El valor de este juicio público y televisado, al margen de la sentencia final y los recursos posteriores, es que desnuda la verdad, los hechos, y desenmascara a los embozados de pacifismo y educación democrática. También muestra lo hueco que era el gobierno Rajoy.

El desarrollo del juicio una de las personas más deslucidas en sus actuaciones es la representante de la abogacía del Estado, designada por el gobierno Sánchez para sustituir a quien se había ocupado del caso previamente, que conocía el expediente y contaba con experiencia penal acreditada. El relevo, con clara intencionalidad política, acredita poco conocimiento del expediente y del Código penal. Entre reconocidos abogados del estado causa una mezcla de asombro y vergüenza el bajo nivel de su colega. Quizá es que el gobierno trató de bajar el nivel de la acusación.