El caso del cómico Toni Albá, ¿se le fue la cabeza?

Durante muchos años Toni Albá, cómico, ha sido una estrella en TV, un referente para los “indepes” más hiperventilados y un estímulo para los vacilantes, a los que la comicidad puede levantar (o hundir) el ánimo. La semana pasada dicen que el cómico se pasó tres pueblos cuando arremetió contra Inés Arrimadas con machismo y grosería, más de lo que es habitual en él. En realidad se ajustó a su estilo y retórica habitual, pero hay veces en las que se pasa la raya invisible de lo tolerable sin que el infractor lo perciba. Por eso el cómico se excusa: ¿pero yo que he dicho? No le falta razón, ha dicho lo que acostumbra, lo que le celebran, lo que le otorga contratos e ingresos.

No es eso lo que ahora han decidido sus patronos, que le sacan de escena y le mandan al banquillo; al menos hasta que se calmen las aguas. Advierten que le conocen… pero no mucho. A los de la parroquia “indepe” les explican que “a Toni se le ha ido la cabeza…”, amable argumento para decir que se ha salido del carril, que ha creado un problema en un momento inoportuno. ¡Qué lástima!

El independentismo está ahora centrado en el Tribunal Supremo, en el juicio al “procés”, y no quieren introducir “disfunciones”. Como tienen acreditada inteligencia escénica han diseñado el guion más conveniente para sacar ventaja del juicio, para ensanchar la base. Gestionan el riesgo de las estrategias no coincidentes entre los acusados, más o menos preocupados por su futuro personal, por su desigual compromiso con la causa. Antes del acelerón de septiembre de 2017, con las leyes de desconexión, ya hubo consejeros de la Generalitat que desertaron del modelo por los riesgos que tenían que asumir.

Ahora esas diferencias siguen presentes y se notan a la hora de componer las listas electorales que deben estar listas estos próximos días, y que proporcionarán señales interesantes sobre el clima interno de las familias “indepes”. El reparto de saludos y desdenes en la solemne sala del Supremo entre los testigos llamados a declarar y los doce acusados proporciona un retrato vívido de los desgarrones internos.

En ese contexto Toni Albá se ha pasado y hay que sacarle de escena; “se le ha ido la cabeza…” dicen, sin concretar cuándo, cómo y por qué, ya que un repaso a la obra del cómico permite sostener que se le fue la cabeza hace mucho tiempo, que su obra se inscribe en la literatura intolerante más genuina, la que se ampara en la libertad de expresión, aunque cercene la libertad de los que piensan distinto.

El abuso de la libertad de expresión, problema que empieza a preocupar en las democracias a la vista de las mentiras intencionadas, de las exageraciones y de la confrontación, se le llama “discurso del odio” un concepto sobre el que conviene profundizar para precisar su perímetro sin mermar derechos. La libertad de expresión no es ilimitada, aunque es peligroso limitarla. El caso de Toni Albá nos va a ayudar a precisar los límites cuando los distintos tribunales donde tiene abiertas causas vayan emitiendo sentencias, que luego serán recurridas y que concluirán, pasados unos años, con una jurisprudencia actualizada sobre los límites cuando chocan algunos derechos fundamentales.

Para los interesados en este debate les recomiendo la lectura del Cuaderno 22 emitido por el Círculo Cívico de Opinión el pasado mes de noviembre con el título “Sobre el discurso del odio”. Un documento que no es concluyente pero que ayuda a trazar el camino de un problema actual que requiere respuestas y compromiso. Les adjunto enlace para acceder al documento.