Decreto alquileres: tres errores de concepto

En tiempo de descuento, con atropello de la naturaleza del decreto ley, el Gobierno dictará un decreto ley sobre alquileres que convalidará la diputación permanente del Congreso con errores de concepto pero con oportunismo electoral para aparentar carácter social.

Primer error, imaginar que el complejo y plural mercado (mercados) de alquiler de vivienda se puede regular mediante sistemas de control de precios. Hay elocuentes precedentes, el primer gobierno de Francisco Franco en pequeñísimas condiciones de vida para los españoles decreto la congelación de alquileres (por decreto) que pretendía ayudar a los necesitados. Uno de los métodos más imperiosos de control de precios que luego se matizan con más o menos intensidad. El resultado de aquel intento fue que algunos cientos de miles de inquilinos se beneficiaron durante muchos años de rentas antiguas (congeladas), pero con un precio: el encogimiento del mercado (no mercado) de alquileres, desbloqueado por los socialistas en 1985, aunque luego acotado y limitado por otro gobierno socialista años más tarde.

España no ha sido país amable con el mercado de alquileres, sometido siempre a control e incertidumbres. Por eso se volcó hacia la propiedad con consecuencias poco favorables a la movilidad, a la flexibilidad y, también, a la defensa de los más débiles. Además la promoción de vivienda pública, que el antiguo régimen autoritario de Franco, propició fue desapareciendo durante la etapa democrática. Ahora, con gobierno de izquierdas en las grandes ciudades, que prometieron medidas de política social en vivienda, no hay cambio, no han hecho nada de provecho, solo declaraciones y un discurso anti-mercado. El gobierno Sánchez, pinturero, electoralista, se inclina por el error del control de precios; como sabe que es equivocado lo va a hacer con gaseosa, para aparentar y dejar contentos a los socios.

Segundo error, imaginar que trasladando las responsabilidades a administraciones inferiores (comunidades autónomas y ayuntamientos) se quita de encima el problema aun a costa de romper la unidad de mercado, la seguridad jurídica. Grave error generará inseguridad, recelo y, finalmente, un mercado más estrecho, más recelosa y más exigente de garantías que se buscarán por otro lado. Fragmentar el mercado, no conduce a la eficiencia, aunque ayuntamientos y Comunidades tienen mucho por hacer en materia de vivienda. Pero sin romper el marco.

Tercer error: agujerear el sistema fiscal con bonificaciones, desgravaciones y ventajas fiscales a la medida, de parte. Ya está bastante deteriorado, recauchutado el sistema fiscal con créditos fiscales a la medida que minoran la recaudación y restan eficacia a los impuestos.

El decreto ley que propone el Gobierno, que probablemente sacará a delante con nocturnidad y alevosía, no va a modernizar y mejorar el mercado de alquileres, todo lo contrario. Pero la urgencia electoral se coloca por encima de la lógica económica y social. Hay fallos de concepto. Insuficiente conocimiento de la materia.