Los agujeros del IRFP: cerca del siniestro total

El sistema impositivo español está bastante averiado, dos de sus impuestos centrales (IRPF y Sociedades) tienen tanto recauchutado que producen confusión, inseguridad y disparates. El IVA también necesita actualización. Y en el otro gran arena recaudatorio: cuotas de la Seguridad Social, también hay mucho que reparar, como para una reforma integral.

Un hecho reciente que puede traer cola por sus efectos sociales acredita que el sistema del IRPF está gripado: las deducciones por pagos a la enseñanza concertada, fundamentalmente a instituciones religiosas. Como el asunto es interpretativo y ambiguo en vez de aclararlo antes de que se convierta en problema los unos optaron por hacerse los listos y los otros por mirar a otro lado. Y cuando alguien ha puesto el foco en la naturaleza de esa desgravación llega el lío. Revisar ese concepto durante cuatro años a varios millones de declarantes, con los pleitos que irán detrás, puede aportar a Haciendo varios cientos de millones de ingresos y no pocos ciudadanos cabreados, que se sentirán atropellados. Además, la revisión se extendería a los colegios con efectos en sus impuestos de sociedades. En resumen un lío monumental con implicaciones políticas y sociales de calado.

La responsabilidad es de todos, unos se pasaron de listos utilizando la figura de la donación, que tiene privilegio fiscal, para disimular lo que en realidad son honorarios complementarios. Y los otros miraron a otro lado por desidia o por cualquier otra razón que no alcanzo a comprender. Ahora hay cambio de criterio, se han dado cuenta y dicen que no es correcto ese modelo que utilizan muchas familias.

Durante varios años a amigos que me han comentado esa oportunidad de desgravar les he recomendado no hacerlo, lo veía inseguro, dudoso, con riesgo de que una inspección formule una paralela o un acta. En materia tributaria es conveniente abstenerse en la duda o consultarlo. Los colegios debían haber intentado una consulta vinculante ( incluso no vinculante) para trasladar seguridad a las familias.

Como no lo hicieron ahora viene el lío, con familias de buena fe que han cometido lo que la Agencia Tributaria considera irregular. Salir del enredo no va a ser sencillo. Lo más sensato sería aclarar de aquí para el futuro y tolerancia con el pasado, porque pudo haber ligereza pero no fraude.

La Agencia ha perdido prestigio, los contribuyentes que tropiezan con inspecciones se sienten atropellados y eso no es bueno. Para que el sistema funcione hacen falta leyes (pocas) claras, seguras, estables y eficientes. Dureza con el defraudador pero seguridad al contribuyente de buena fe. El sistema está muy averiado, necesita reforma a fondo, pero estos gobiernos débiles , inconsistentes, a los que estamos abocados, no serán capaces de acometerla. Así que a chapotear en la confusión.