Los indepes al gobierno: relator y un huevo duro

Cuando se historien estos días y más en concreto las relaciones entre los “indepes” catalanes y el gobierno Sánchez, es decir cuando los actuales protagonistas escriban sus memorias y aparezcan los documentos podremos entender lo que está pasando. A esta hora es difícil establecer conclusiones válidas porque los protagonistas son poco creíbles por parciales. “indepes” y gobierno Sánchez son socios de intensidad variable, se ayudan pero sin lealtad, sin compromisos firmes. Hicieron presidente a Sánchez pero este sostiene que ni siquiera lo pidió, que detrás no había compromiso alguno, solo coincidencia de intereses.

Y seguimos en ese modelo de confluencia de intereses. A Sánchez le interesa durar, agotar la legislatura en espera de vientos favorables para convocar las elecciones. Hasta junio del 2020 tiene plazo. Y a los indepes les interesa negociar, seguir vivos, aparentar fortaleza y viabilidad a sus propuestas. Sus objetivos máximos son inviables, pero jalonar el camino con objetivos parciales les va bien.

Sánchez y los “indepes” quieren negociar, o al menos aparentarlo, pero en ningún caso quieren ceder en aspectos sustanciales. Ni los indepes quieren volver al camino del autonomismo de máximos, ni el gobierno quiere ir más allá del marco constitucional, entre otras razones porque el PSOE saltaría en pedazos.

El avatar de la semana está en los presupuestos 2019, que en realidad son un trampantojo, una coartada que sirve a cada parte para aparentar. En ese trance ha parecido un truco oportuno, una argucia negociadora: el relator, que es algo así como un notario con capacidad de interpretar o un mediador con capacidad para convocar.

La idea del relator refuerza el argumento de la bilateralidad, que es difícilmente asumible por la oposición y por una buena parte del PSOE, la ajena al PSC y al “sanchismo” más militante que es accidentalista (bizcochable). La idea del relator parece tramposa, un truco para enredar y agitar. En lógica negociadora sería algo así como el “y un huevo duro” en teoría marxiana (de los hermanos Marx).

No parece lógico que el presiente Sánchez esté decidido a pagar un alto precio para sacar adelante los Presupuestos, en realidad carecen de valor y al gobierno tiene discurso para sacar ventaja tanto de que salga ese proyecto como de que lo tumben la próxima semana.

Desde la lógica del matemático Borrell sostiene que la estrategia del Ibuprofeno se ha agotado y que pedir imposibles es poner punto final a las negociaciones. Pero la vicepresidenta Carmen Calvo, que es sanchista-accidentalista, resta importancia a cualquier argumento embriagada por la magia de la negociación, entendida como en fin y no como instrumento.

El seguimiento del minuto a minuto del “proces” apunta a un cuadro preñado de disparates, excesos, ambigüedades, emociones con razonamiento imposible. Quizá conviene tomar distancia, creerse solo lo efectivo, lo tangible, lo verificable, dando un valor muy relativo a las palabras que significan lo que quiere cada parte.