Venezuela, incierta transición del siglo XXI

La hipótesis de que la crisis venezolana desembocará conforme a alguno de los modelos típicos hasta ahora (involución a la turca, golpe militar clásico de generales, viaje hacia una democracia en construcción…) es la más racional, aunque no faltan razones para pensar que estamos ante un proceso inédito y por ello poco previsible. La involución con Maduro y los generales dominando el país ejerciendo un poder más férreo parece improbable por insostenible. Ni siquiera el activo apoyo de Rusia y Cuba (los chinos son más pragmáticos y nuevos en estos avatares) garantiza que se pueda sostener una dictadura en un país como Venezuela.

Hay quien piensa que es cuestión de días que Madura se sienta con fortaleza suficiente para detener a sus opositores más activos, empezando por Guaidó. Pero es muy improbable que ocurra, sobre todo a la vista de las movilizaciones populares que sostienen la apuesta por la destitución de Maduro y la apertura de un cambio de régimen que respete las formalidades democráticas.

También hay quien estima que el movimiento que encabeza Guaidó no es improvisado, que el apoyo norteamericano está calculado con suficientes garantías para que el derrumbe del chavismo sea tan inevitable como incruento. Un cálculo que pasa por un trabajo previo y constante con cuadros del ejército venezolano que, por ahora, pondera sus oportunidades y riesgos.

Las vacilaciones de la Unión Europea no han ayudado a que el movimiento (algunos lo llaman golpe) de Guaidó vaya más rápido pero esta semana la posición europea quedará más clara y dejará más solo a Maduro, para que avance el proceso de maceración que debería evitar el camino al desastre.

En cualquier caso lo que ocurra en Venezuela durante los próximos días va a abrir un capítulo  nuevo en el libro de las transiciones que puede servir de modelo (o de contramodelo si sale mal). Una guerra civil en el continente americano, o algo parecido, parece inviable a estas alturas del siglo XXI; la sociedad venezolana, por atormentada que esté, no va a deslizarse hacia países fallidos como Siria o Libia. No puede ser y es imposible.

El desarrollo de los acontecimientos durante la última semana deja varios agujeros en el relato, algunas zonas oscuras sobre procesos de negociación que algún día conoceremos, para abrir puertas a la transición: la cuestión es el precio que vayan a pagar/cobrar los protagonistas para completar ese guion inédito de una crisis de régimen. Lo que ocurra en Venezuela influirá en Nicaragua e incluso en Cuba que puede quedarse más sola y más abocada a su propia transición.

En resumen una crisis abierta, con incierto desarrollo y probable salida hacia un proceso democrático que será duro, lento y complicado porque la sociedad venezolana y su economía están demasiado dañadas como para que las salidas sean  brillantes.