La pedrada de Errejón (con Manuela al fondo)

¡Joder que tropa! dijo Romanones cuando supo que ninguno de los académicos de la RAE que le habían prometido su voto se lo dieron cuando les tocó elegir nuevo académico. El caso sirve para los avatares de Podemos que se acerca a las próximas elecciones con descosidos por buena parte del territorio nacional. Los valencianos de Compromís van a su aire desde hace mucho tiempo y no tienen ningún interés en sumar la marca morada a su papeleta. Los catalanes y los gallegos también rechazan someterse al liderazgo de Podemos. En Andalucía no están definidas las listas y su encabezamiento; y en otras comunidades están abiertos debates sobre como concurrir en mayo.

Para acentuar la fragmentación y la ambigüedad en Madrid Iñigo Errejón, se ha acogido al maternal manto de Manuela Carmena, desdeñando la marca Podemos por gastada (¡cinco años de exitosa vida!) para reivindica otra bandera más amplia, más limpia. El argumento de Errejón es estratégico y oportunista. “Con  la vieja marca no sumamos, no llegamos”. No es nuevo, lo viene diciendo desde las últimas generales de 2016, cuando la flecha de Podemos empezó a declinar; pero lo novedoso ha sido el procedimiento, el golpe de mano para mandar al trastero la marca que encabeza Pablo iglesias.

¡Traición! Dijeron de inmediato los dirigentes de Podemos. No les falta razón, pero es evidente que solo por sorpresa se puede plantear batallas políticos de ese tipo. Errejón ya había negociado con sus colegas de aventura política la necesidad de evolucionar hacia fórmulas más abiertas y pragmáticas. Y había perdido todas las batallas, aunque Iglesias se apropió de la estrategia de Errejón cuando convenció a Pedro Sánchez de que la moción de censura contra Rajoy  podía prosperar y que era posible un gobierno de izquierdas encabezado por los socialistas.

La seña de identidad de Errejón es el pragmatismo, llegar al poder cuanto antes, aunque sea con aliados a los que hay que desbordar y someter. Esa ha sido la experiencia de Manuela Carmena en el Ayuntamiento de Madrid, encabezar desde fuera, colocar a sus leales y actuar a su manera, al margen de la disciplina de los partidos que la apoyan.

Esa es la fórmula elegida por Errejón, sobre todo en cuanto ha sido consciente de que sus colegas de Podemos estaban decididos a un marcaje estrecho de su candidatura, incluso percibía que no les importaba perder si con ello le endosaban el fracaso y se deshacían de él. Errejón está en Podemos desde primera hora, con carácter de cofundador, pero es mucho lo que le distancia de sus colegas, su izquierdismo es de otra matriz, construida en su tesis doctoral sobre el cambio en Bolivia (Evo Morales) y en sus experiencia académica y vital en América.

El cómo va a seguir esta historia forma parte de lo que está por ver durante los próximos dos meses, plazo en el que hay que componer y presentar listas, coaliciones, candidatos y programas. ¿Se suma más unidos en una sola lista o fragmentados? ¿Hay margen para negociar y pactar antes o después de votar? ¿Estamos ante un divorcio definitivo y a cara de perro? Lo iremos viendo de inmediato; pero de momento las encuestas se quedan obsoletas, entre Vox, Carmena, Errejón… nos adentramos por sendas no previstas.