Los menores (VOX e indepes) se allanan a los grandes (PSOE y PP)

Hubo ruido y postureo, teatrillo para aparentar, pero lo que la aritmética engendró en las elecciones andaluzas de diciembre, va a alumbrar el gobierno posible, el que suma mayoría, por artificioso y débil que sea. La alianza de tres por parejas, un triángulo sin cerrar, va a desalojar a los socialistas de la Junta de Andalucía con el efecto consiguiente de desmontaje de un tinglado montado durante casi cuatro décadas. Un brutal proceso de adelgazamiento del partido que todavía encabeza Susana Díaz. El nuevo gobierno tomará posesión a finales de la próxima semana, una vez cumplida la liturgia de investidura con muchos discursos rimbombantes que no merecen atención. En la política actual lo que cuentan son los hechos; las palabras, los discursos dicen poco, suelen ser anfibológicos, lo mismo y lo contrario; contribuyen más a distraer que a entender.

El caso andaluz va a ser ilustrativo de un cambio radical, de una vuelta de tortilla, con efectos que son ahora incalculables. Andalucía es la comunidad más poblada de España, la que aporta más votantes y la recomposición electoral que puede arrastrar el cambio de gobierno no será de menor cuantía. Empezaremos a verificarlo en las alecciones de mayo y en las encuestas de las próximas semanas.

El nuevo gobierno andaluz tendrá un día de júbilo personal durante unos pocos días, los de la toma de posesión, pero de inmediato empezarán a sentir minas bajo sus pies, las que les dejan los anteriores (que no serán inocentes, las de la gestión ordinaria, que no van a ser menores, y las de la propia coalición que es muy imperfecta y que va a estar sometida a tensiones electorales desde el primer segundo.

La lección de este caso es que la aritmética es implacable, un escaño más de Ciudadanos o de los socialistas hubiera habilitado otras composiciones. Y que esa aritmética impone a las minorías someterse a las mayorías insuficientes. La hipótesis de que VOX hubiera forzado otras elecciones (pudo hacerlo) era demasiado arriesgada para todos. De manera que han mareado la perdiz, han sacado pecho y agitado muchos eslóganes, para finalmente elegir lo que era más probable desde la noche electoral, una vez conocidos los resultados electorales.

Esa misma lógica es la que aplica Pedro Sánchez a los nacionalistas, a catalanes y vascos, habrá mucho postureo pero finalmente se rendirán a lo más pragmático, a bendecir el Presupuesto 2019 y sostener al gobierno de la moción de censura hasta el final del mandato. Pedro Sánchez está decidido a estirar el mandato hasta el final, con o sin Presupuesto, pero confía en que será con los votos de sus anteriores aliados y sin concesiones evidentes. Las minorías se allanan porque no se atreven a asumir el riesgo de adelantar las elecciones.

La política actual cursa con mucho ruido de twiter (el de Trump retirándose de Siria de inmediato) pero con realidades más cautelosas, más condicionadas y pragmáticas, las de los adultos de la sala que no suelen ser proclives a tuitear.