El 2019 llega con mucha niebla

Durante los primeros años cuarenta del pasado siglo un economista como Schumpeter, que había sido cocinero y fraile, economista y político, y que había vivido y sufrido los altibajos y quebrantos del primer tercio del siglo advertía en el capítulo preliminar de una de sus obras clásicos (Capitalismo, socialismo y democracia) sobre los riesgos de la prognosis. Sew preguntaba: “¿Puede sobrevivir el capitalismo?”, para concluir en la misma línea, “No, no creo que pueda. Pero…son los hechos y los argumentos los que contienen lo que hay de científico en el resultado final. Todo lo demás no es ciencia sino profecía” Para concluir que, quizá, el capitalismo sobreviviría, entre otras razones por su capacidad de adaptación y transformación.

Traigo a cuento la cita al intentar profetizar lo que nos puede traer el nuevo año 2019, que empieza entre tinieblas, con más preguntas que respuestas y con tantas incertidumbres que proponer unas hipótesis sobre como estaremos dentro e doce meses corresponde al mundo mágico.

Por ponernos en perspectiva sirve repasar las expectativas de hace un año. ¿Alguien adelantó entonces que Pedro Sánchez gobernaría en España o que los socialistas serían desplazados del gobierno andaluz o que un tal Torra sería el Presidente de la Generalitat? Eso por referirnos a la política nacional. Porque la internacional no ha sido menos pródiga en acontecimientos inesperados.

El caso andaluz anticipa que la fragmentación de los partidos políticos constituye un hecho nuevo y decisivo para el inmediato futuro. Las nuevas composiciones de gobierno en todos los ámbitos de la Administración tendrán al menos cinco formaciones políticas y en la mayor parte de los casos se precisarán tres partidos para construir una mayoría, y casi todos los gobiernos serán de coalición entre dos o más partidos.

Esos mapas imponen otra forma de hacer política, mucho más pragmática, mucho más limitada y mucho más complicada. La mayor preocupación de los gobernantes será protegerse frente a la oposición a los aliados y a los propios (tres frentes) antes que proponer y decidir. La nueva situación implica más inestabilidad; no será fácil acabar los mandatos, ni concretar las propuestas electorales que tendrán que ser reformuladas en los pactos de investidura, de gobierno o de legislatura.

Por ejemplo, quien ocupaba la presidencia del parlamento andaluz era irrelevante; pocos se acordarán de los nombres de sus titulares durante las tres últimas décadas. Ahora la nueva presidenta de ese parlamento cobra un papel de mayor protagonismo (y antagonismo) porque en la cámara se dilucidarán no pocos conflictos con sus habituales escandaleras. De hecho nada más tomar posesión tiene que resolver el problema de la ausencia de cuarto grupo (Adelante Andalucía) autoexcluido de la Mesa.

La política se adentra en la confusión, la confrontación y la bipolarización; la economía va a menos, con nervios crecientes y bruscos cambios de tendencia. Y la cultura camina hacia la banalidad y la irrelevancia, entre el silencio y el esperpento. Aunque quizá. Como aventuraba Schumpeter hace 75 años las capacidades de adaptación y trasformación de la sociedad nos deparen sorpresas asombrosas. Hago votos porque sigamos en contacto y conversación desde este rincón de libertad pasados doce meses. Abrochen los cinturones, empezamos un viaje con mucha niebla.