Los Presupuestos 2019... vamos a contar mentiras

A lo largo de mi vida profesional, muy larga, me las he visto con más de cuarenta proyectos de Presupuestos, con su materialización en una ley y en cuantiosos documentos anejos, incluido el libro amarillo que resume el contenido de unas cuentas complejas. Desde mediados los setenta cuando el Presupuesto lo manejaba el Director General del asunto (especialmente en la era de José Barea, que llevaba las cuentas en su agenda personal y mandaba más que el Ministro) hasta el siglo actual, los Presupuestos se han presentado en el Congreso con razonable puntualidad, se prorrogaron por circunstancias electorales en pocas ocasiones, y se aprobaron en hora en la mayor parte de los ejercicios, en torno al día de los Santos Inocentes.

Luego, el cumplimento de las previsiones y compromisos presupuestarios ha sido desigual; aunque el balance de cuarenta años de democracia presupuestaria es razonable, el Tesoro y las cuentas públicas se han comportado como la media de la OCDE. España pudo entrar en la primera ronda del euro, a finales del siglo pasado, porque su desempeño presupuestario fue ortodoxo y confiable. Por eso llegamos a alcanzar una triple A que es lo más que se puede pretender.

Durante los años transcurridos a lo largo de este siglo los Presupuestos han funcionado de forma errática. Durante la primera década, en buena medida por las transferencias europeas (un billón neto al año), el déficit dejó de ser problema y hubo dinero para invertir y para gasto social. La recesión, especialmente la segunda ronda, la de 2010, lo cambió todo. El déficit se disparó, ante la estulticia de Zapatero y la cobardía de Solbes, y hubo que asumir un ajuste rabioso y sin anestesia ni explicaciones, que vino impuesto de fuera. Desde entonces las cuentas se saldaron siempre en rojo, incluso con déficit primario, antes de pagar intereses. El resultado es que la deuda pública acumulada supera el 100% del PIB, lo cual es una barbaridad, un peligro, sobre todo cuando el déficit anual sigue siendo la norma.

Hoy España tiene un problema presupuestario, las cuentas públicas van mal y suponen un lastre para el futuro y un abuso de las futuras generaciones. Pues bien asistimos ahora a un intenso debate sobre Presupuesto 2019, como nunca antes, pero sin cuerpo presente del proyecto de Presupuesto, no lo hay y el Gobierno afirma y niega (va por días) que vaya a entregarlo este año. Distinguen décimas de más o menos déficit, pero sin proyecto, solo estimaciones, apuntes, esbozos y mucha declaración pretenciosa. La referencia de cifras que se han difundido no tienen crédito en Bruselas, pero no importa, allí tienen otros problemas más urgentes, tampoco de las creen los analistas. Probablemente tampoco las cree el Gobierno, el caso me recuerda aquella canción infantil que decía: vamos a contar mentiras, por el mar corren las liebres, por el monte las sardinas.... tralará...tralará...