La reforma fiscal de 1977, antesala de la Constitución

Estos días podemos leer mucho y bueno sobre el proceso constituyente y su futuro; casi todo está contado con detalles ilustrativos sobre es espíritu y el contexto de la elaboración del texto constitucional, el mejor y el de más amplia base social de los ocho que han conocido los españoles durante más de dos siglos.

Lo más interesante ahora es esbozar el futuro de la Constitución, precisamente cuando sus defensores y detractores coinciden en la oportunidad de reformarla, unos para derogarla y otros para consolidarla con las mejoras que exigen los tiempos. Sobre la mesa hay proyectos de reforma con más o menos alcance y todos ellos con fundamento; por ejemplo el informe del Consejo de Estado que pidió Zapatero y dirigió Rubio Llorente (otro los padres constituyentes no reconocidos junto a Abril Martorell y Alfonso Guerra. Otros catedráticos y académicos han formulado propuestas interesantes hasta completar una bibliografía rica que serviría de base sólida para la reforma.

Lo único que falta son ganas, voluntad política y talento para armar una mayoría parlamentaria amplia para concluir la tarea. No par ce que exista esa voluntad, especialmente cuando un tercio de los diputados (sus partidos) lo que quieren es chatarrar la Constitución y lo que llaman “régimen del 78”, un calificativo injusto, indocumentado y insidioso. Pero así están los bolos colocados y mientras los partidarios a no recuperen centralidad y empatía no será posible la reforma.

Como modesta aportación a la conmemoración me quiero referir a uno de los antecedentes del debate constitucional, obra de aquel primer gobierno democrático de junio de 1977 encabezado por Suarez, con mayoría insuficiente.

Es obvio que los Pactos de la Moncloa de octubre de 1977 ( al menos fuero dos) de fueron el preámbulo de la Constitución, aportaron metodología, confianza y una forma de hacer presidida por el “consenso”, del que se ha hablado mucho o por lo que Azaña reclamó a los españoles en 1939: ASENSO, para salir a flote. Hoy esta súplica de Azaña vuelve a tener valor.

Antes de los Pactos de la Moncloa hubo otro consenso entre los partidos de semejante valor, más discreto pero o menos eficaz: me refiero a la reforma fiscal que empezó por un decreto ley de julio de 1977, denominado de medidas urgentes de reforma fiscal, que luego se trasladó a arias leyes con el IRPF como referencia estelar.

Fueron varios diputados de UCD y del PSOE años que trabajaron aquellas normas y las sacaron adelante. Sobre diseños previos De Fuentes Quintana y el Instituto de Estudios Fiscales ( los llamados libros verdes, cuatro tomos) , las ideas de Fernandez Ordoñez y sus colegas socialdemócratas (Dionisio Martinez, Jose Sevilla, …) se armó el proyecto que luego completaron socialistas como Baldomero Lozano y Enrique Barón y gente de UCD a encabezada por Jaime Garcia Añoveros.

La banca, los que llamábamos poderes fácticos se resistieron al delito fiscal y a limitar el secreto bancario, como venían haciendo, con éxito, a lo largo de más de un siglo. Perdieron. La reforma fiscal fue adelante, emergió un estado fiscal moderno con el viejo principio de “impuesto y voto” como pilares de la democracia.

La reforma fiscal se hizo por el “asenso” que reclamó Azaña, y sirvió de ejemplo luego para los Pactos y para la Constitución. Estos días me parece que conviene recordar a aquellas personas , varias ya fallecidas, que hicieron posible la democracia y resistieron las presiones de la oligarquía de la época. La Constitución no fue un apaño, fue un avance democrático que tuvo prologo con la reforma fiscal. Por cierto reforma que ahora reclama otra reforma equivalente para poner al día un sistema fiscal agotado.