El caso Cosidó y la democracia devaluada

Cosidó

Tanto Juan Linz hace cuarenta años en “La quiebra de las democracias”  como ahora los profesores de Harvard Steven Levitsky y Daniel Ziblatt en “Cómo mueren las democracias” señalan en sus diagnósticos que desprestigiar las instituciones contribuye a devaluar la democracia y abrir la puerta al autoritarismo. Y para debilitar las instituciones el poder judicial aparece el primer plano como objetivo prioritario e imprescindible. Sobran ejemplos recientes y pasados para acreditarlo.

Debilitar la judicatura., instrumentalizarla de hecho o en apariencia, es un camino seguro para  debilitar la democracia, para desprestigiarla creando desconfianza entre la ciudadanía. Durante los últimos meses se está produciendo una ofensiva desde diferentes frentes, no necesariamente coordinados, contra el poder judicial y, más concretamente, contra el Tribunal Supremo. Desde el lado independentista catalán debilitar la democracia española pasa por desdeñar la figura del Jefe del Estado (se afanan en ello) y también por cuestionar la independencia del poder judicial; cualquier excusa les sirve sin pararse en barras a la hora de manipular los hechos.

Y si grave es esa estrategia peor está que desde el lado constitucional (?) les ayuden con tanda dedicación como torpeza. El relevo del Consejo del poder Judicial con un pacto público y notorio entre PP y PSOE para repartirse el consejo, la rectificación del gobierno a la torpe y excesiva sentencia del Supremo  sobre la fiscalidad hipotecaria, son jalones asombrosos de veste proceso de acoso a la justicia.

Todavía peor es el reconocimiento de la artera manipulación que acredita el mensaje del jefe del grupo popular en el Senado, el senador Ignacio Cosidó, que además del agobio en el que está inmerso por la utilización de fondos reservados (¿malversación?) cuando era jefe de la policía para fines partidistas, reconoce que la elección de los componentes del Consejo del poder Judicial está sometida a la misma perversión: ventajismo para el Partido Popular.

Que al senador, por vergüenza torera e higiene democrática, no le hayan retirado del cargo y del propio escaño (aunque le pertenezca) rebela lo mal que están las cosas, lo lejos que está llegando el Partido popular (a pesar del recambio de su dirección) en este viaje de debilitar la democracia.

El mensaje de Cosidó a sus cofrades senadores es insoportable, no tanto porque sepamos que así son las cosas, sino sobre todo por el reconocimiento paladino de la irregularidad. Su mensaje formará parte de las piezas probatorias para la causa planteada ante los tribunales por algunas organizaciones judiciales contra  el proceso de renovación del Consejo y, más en concreto, la irregular promoción de su futuro presidente.

A los elegidos se les coloca en una tesitura que debía resultarles insoportable: les marcan con una sigla de partido sin que esbocen una tímida respuesta. Al propio presidente designado le someten a la sospecha de que lo que vaya a hacer estará teledirigido por un partido político con merma del decisivo valor de independencia.  En resumen una catástrofe sin paliativos, sin otro remedio que dar marcha atrás y empezar otra vez a hacer bien las cosas, respetando los procedimientos y cumpliendo con el espíritu y la letra de la ley. Para ese viaje que Casado podría emprender (también Sánchez) no les vale Cosidó. Lo dijo Juan Linz y lo ratifican ahora otros académicos: así quiebras y mueren las democracias. Podían haber disimulado un poco…

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