Unos huesos indigestos, los de Franco

No imaginaba que Franco podía ser materia para un artículo a estas alturas de los tiempos pero va a serlo a la vista de los titulares que consigue en los diarios y del espacio que ocupa en los noticiarios. No hay conferencia de prensa tras los consejos de ministros o comparecencia de prensa del Presidente del gobierno sin Franco en el menú. Todo ello porque un día, por razones más o menos comprensibles, el Presidente Sánchez decidió trasladar los restos de Franco a otro lugar que no sea esa basílica de Cuelgamuros, también llamada Valle de los Caídos.

A Franco se le han atribuido muchas frases más o menos ocurrentes, más o menos gallegas, ambiguas o llamativas. Una de ellas reza: “tenga usted en cuenta que la carne de cura es muy indigesta”. Venía a cuenta de los conflictos con la jerarquía de la Iglesia, con el Vaticano. Franco era un militar militarista y también un católico temeroso y oficialista que no quería líos con la Iglesia. Por eso quería tener cerca y contentos a obispos y cardenales.

Me vino al recuerdo la frase que no acierto a ubicar en el tiempo y en el incidente al que refiere a la vista de lo indigestos que se están volviendo los huesos de Franco al actual  gobierno que trata de apuntarse como mérito pasar cuentas al anterior jefe de Estado (golpista, dictador….) cuando su figura estaba fuera de la agenda, de la preocupación de los españoles, e incluso de las reseñas biográficas que ya están escritas y a las que poco queda por añadir o desentrañar.

Con poca maña el Gobierno se metió a desenterrar a Franco sin cálculo previo de cómo siguen los movimientos posteriores. Empezar la movida es sencillo, vale con anunciar que se trasladarán los restos del enterrado, pero luego vienen los problemas. Cómo se hace, quien lo manda, dónde se lleva, quién lo decide…

El jugador de ajedrez, el estratega, tiene previstos los movimientos posteriores y calculados los obstáculos posibles, los laberintos probables y los dilemas a resolver. Cuando el gobierno se lanzó a esta aventura de desenterrar y enterrar no se paró a calcular las dificultades. Y cuando estas parecen van tratando de que otros las resuelvan: la familia, el obispo, el Vaticano…  otros que no se sienten concernidos y que piden detalles, marco de referencia, indicaciones más precisas. Con ese panorama la siguiente opción del gobierno es hacer acopio de su poder, básicamente de su capacidad de iniciativa legislativa para acomodar su objetivo: sacar a Franco del mapa. Un camino que tiene sus complicaciones ya que legislar a la carta tropieza con  no pocos obstáculos ya que tropieza con otras  normas de carácter general que se convierten en barreras no previstas. En resumen que esos huesos inútiles y estériles de Franco se hacen indigestos en cuanto se agitan.

El argumento central del Gobierno es evitar el enaltecimiento de Franco; sin percibir que presumen de lo que carecen, que lo que quieren evitar (valorar al dictador) es precisamente lo que alientan con tanto trajín. Es el Gobierno el que mete a Franco en la agenda; un figura que para una gran mayoría de los españoles es pasado, aunque para algunos otros siga produciendo pesar y dolor (sin olvidar que todavía quedan nostálgicos que son inofensivos a estas alturas).