Nunca más dice Sánchez a Casado, metidos en el barro

El debate en el Pleno del Congreso entre los líderes principales invita a la desesperanza. Con estos bueyes no aramos… El tono camorrista, esdrújulo, al tiempo que irrelevante, apunta a la ausencia de ideas, de conceptos e incluso de principios. Se contagia el estilo incluso a los que apuntaban buenas maneras pero que el día a día arrastra al fango. Ninguna sorpresa produce que Tardá diga que hay quien fusilaría a los  adversarios, una hipérbole que desmerece a quien la pronuncia, aunque Tardá forma parte de exceso parlamentario, tanto que a fuerza de escucharle su virulencia se desvanece por teatral. Una forma de llamar la atención para lograr titulares.

Más seria me parece la profunda antipatía que están construyendo los nuevos jefes de fila. No se trata de algo nuevo, ocurrió entre Felipe y Aznar (ni se aguantaban ni se respetaban); también entre Rajoy y Sánchez tal y como evidenciaron en el debate electoral televisado en directo (“usted no es decente, dijo Sánchez, correspondido luego por Rajoy con los calificativos del tipo: “ruin, mezquino, miserable…”. Ambos salieron mal del lance que, muy probablemente, no se sentirán orgullosos de aquel momento.

Otro sí para lo ocurrido ayer en el Congreso con la imprudente acusación de “golpista” dirigida a Sánchez por Casado. La respuesta me recordó a Rajoy: “nunca más…” para añadir “llena de ignominia a su grupo… carece de escrúpulos”. ¡Qué nivel!

Lo llamativo es que las bancadas de cada partido aplauden a rabiar los excesos de sus jefes. “Euforia en el PP…, titula el ABC por el “baño” de Casado a Sánchez. Las declaraciones de dirigentes populares (que andan ya preocupados por la confección de listas electorales) cerraron filas con su jefe y se apresuraban a declarar a los periodistas su admiración y adhesión a Casado, justo cuando en los medios menos afines se deslizan comentarios críticos (anónimos, por supuesto). En resumen un circo de simulaciones y aspavientos.

El pleno estaba convocado para recibir información y debatir sobre el contenido de la reciente cumbre europea, la del Brexit, la de los presupuestos criticados por la Comision, la de la inmigración… pero nada de eso (los problemas reales) se lleva el grueso del debate y los titulares y noticias posteriores. Desde luego que no es novedoso, el debate político está en el lodo desde hace demasiado tiempo y los relevos en la cabecera no significan cambio de tendencia, todo lo contrario.

El largo camino de la campaña electoral perpetua estará jalonado por la bronca y los excesos verbales, precisamente cuando entender los problemas actuales y proponer medidas correctoras requiere debate sereno, valiente, respetuoso y documentado. Pues de eso… nada.