Autónomos: pensiones y cotizaciones, ecuación muy asimétrica

El discurso de lo políticamente correcto pasa siempre por lugares comunes del tipo: “reducir impuestos a la clase media y trabajadora” o apoyo decidido a “autónomos y pymes”. Aparentemente se trata de colectivos homogéneos y fácilmente identificables, los buenos frente a esos malos plutócratas y abusones representados por las gentes de la banca, las energéticas y las multinacionales. Estos últimos son los que tienen (explotadores) y los primeros son los que necesitan, a los que hay que proteger. Este modelo de aproximación a los problemas está condenado al fracaso y a la decepción.

El propósito del Gobierno y de los partidos que le apoyan en cuidar a los autónomos (los que más sufren la crisis, los que crean empleo...), nada diferente a lo que predicaba el Gobierno anterior y el anterior del anterior. No han sido pocas las medidas adoptadas con ese propósito que, en términos generales, han servido más como  cataplasmas momentáneas (por ejemplo la tarifa plana de 50 € para la nueva contratación de jóvenes o emprendedores) con pobre desarrollo posterior que como soluciones efectivas. Peor aún, en ocasiones han significado competencia desleal y estímulos involuntarios a la economía sumergida una vez agotadas las ayudas.

El secretario de Estado de Seguridad Social, Octavio Granados, un burgalés con sentido común y muy pegado a tierra, comentó ayer en la reunión con las organizaciones de autónomos que a más prestaciones se llega con más cotizaciones. Una obviedad que conviene recordar, lo mismo que la realidad de las cuentas, los números del sistema.

Los autónomos (tres millones de personas) presentan situaciones muy diversas, desde los que son autónomos a la fuerza con ingresos bajos y discontinuos, incluso sin ingresos, que tienen que cotizar por la base mínima que significa una cuota mensual entre 250/300€ según casos. Pero también autónomos con ingresos netos reales muy por encima de la base mínima (entre 850 y 930€ mes) pero que eligen la mínima porque tienen derecho. La realidad es que la base media de los autónomos anda por los 1100€ mientras que el régimen general (por cuenta ajena) alcanza los 1800.

El régimen de autónomos aporta a las cuentas de la seguridad Social algo más de 12.000 millones de euros  (último año) mientras que las pensiones abonadas ese mismo año alcanzan los 20.000 €. Algo más de un tercio de los autónomos pensionistas reciben una pensión contributiva inferior a la mínima, bien sea por pocos años cotizados o por bases muy bajas) que pueden compensar con el complemento de mínimo que va contra el Presupuesto del Estado. En el régimen general (con cuatro veces más de afectados) el complemento de mínimos beneficia  al 20% de los pensionistas.

La idea (buena) de que los autónomos coticen sobre ingresos reales netos va en la buena dirección pero tropieza con evidentes dificultades ya que significa que habrá que cotizar más, con todo lo que ello significa. Afrontar ese problema con condicionantes electoralistas de corto plazo está condenado a complicar y no resolver; a engañar a la gente, contarles milongas que suenan bien pero que son falsas. Los números son contundentes; se les puede poner una música persuasiva pero la realidad es tozuda  y concluyente. Cuadrar, equilibrar, introducir equidad requiere sinceridad, gradualismo y solidaridad efectiva. Pero no parece que las cosas vayan por ese camino.