El procés: reunión a la mañana y “manifa” a la tarde

Lo que vaya a ocurrir con el “procés” no lo sabe nadie, ni los protagonistas del mismo, ni sus antagonistas, ni los estudiosos, ni los espectadores más o menos fatigados por el devenir de los acontecimientos. Ocurrirá cualquier cosa aunque la más improbable de las hipótesis es que los “indepes” alcancen aquella Ítaca con la que soñó y prometió Artur Mas, uno de los políticos más mudables y decepcionados de la reciente historia de España. Mas parecía un tecnócrata, aunque fungía más como burócrata; parecía un político cosmopolita (habla idiomas) aunque con fondo pueblerino; se veía como líder convincente, pero quedó sepultado en la papelera de la historia por gentes a las que no tenía la menor consideración.

Hoy el procés no pasa por Artur Mas, ni tampoco por su mentor Jordi Pujol, sino por un coro de personajes a los que unen algunos objetivos pero separan procedimientos y sensibilidades. El doble pivote sobre el que bascula la estrategia “indepe”: Puigdemont-Junqueras no van al mismo paso, ni siquiera está claro que jueguen en el mismo equipo. Ambos necesitan refuerzos por los lados para alcanzar la primacía y en la búsqueda de esos apoyos que alcanzan al PSC y a los Comunes, se ven abocados a cambiar el paso, el tono y el relato. El problema radica en cómo seguir para certificar que empieza una nueva etapa y con oportunidades en revisión.

La cuestión ahora es quien se lo cuenta a la gente, quién redirige la manifestación y recompone las fuerzas. Al otro lado (gobierno Sánchez y sus aliados) hay gesticulación y movimientos tácticos; más allá está el PNV determinado a aplicar antiinflamatorios; y mucho más allá el PP y Ciudadanos (casi el 50% de la base electoral) con los pies en pared porque se juegan poco en la partida y aspiran a que los otros reconozcan el error y acepten un punto y aparte (que no el final) del procés.

Mientras tanto los titulares de la Generalitat juegan con dos uniformes, por la mañana la despacho y a negociar con el gobierno de Madrid para ir desencallando y para conocerse mejor (el roce puede traer cierto cariño y hasta confianza); y por la tarde a las manifestaciones y a exhibir lazos y reivindicaciones.

La Vanguardia (Isabel García Pagán) ha relatado con detalle la lista de reuniones recientes e insistentes entre consejeros catalanes y ministros españoles para recuperar la agenda perdida. Incluida la polémica comisión de Infraestructuras, que debe ocuparse de una de las quejas más visuales de los soberanistas, y que se ha vuelto a reunir después de diez años en blanco. La ministra Batet decía la semana pasada en público que hay que saber escuchar por debajo (o por encima) del ruido. Me parece más que un eslogan publicitario o una ocurrencia brillante, en la frase late el objetivo de buscar salidas, de poner vías a un tren que circula por carriles muertos con amenaza de descarrilamiento con consecuencias imprevisibles.

En este panorama de ciegos en una habitación que palpan el espacio para evitar tropiezos y choques, aparece un jugador con poco que perder: el jefe de Podemos, con agenda propia que va más allá de lo que piensan sus complejas y diversas bases, que asume un protagonismo de bajo coste (para él), fundamentalmente porque los demás protagonistas no quieren asumir riesgos, no precipitarse.

Adolfo Suárez fue un audaz, un empático, hizo posible lo que parecía imposible; tuvo una virtud crítica: era valiente. No es esa una cualidad que adorne a ninguno de los protagonistas actuales de la alta política.