Los “indepes” de la jactancia a la provocación

Con la excusa de la libertad de expresión los “indepes” catalanes no resisten la tentación de incurrir en jactancias y provocaciones; jactancia entendida como “alabanza propia desordenada y presuntuosa” (DRAE) y provocación en el sentido de la 2ª acepción del mismo DRAE: (“buscar una reacción de enojo en alguien irritándole o estimulándole con palabras u obras”). Evidentemente se trata de una táctica en busca de respuesta para escalar el efecto acción-reacción hasta el aburrimiento.

La penúltima peripecia se refiere a la aprobación en el Parlament de la “reprobación” del Rey, del Jefe del Estado. ¿Cómo sigue? Pues no sigue, va de lo inocuo (que no hace daño) a lo inicuo (malvado, injusto, contrario a la equidad). Los efectos prácticos de la reprobación son nulos, pero se trata de un acto desmedido, fuera de las facultades y competencias de ese Parlamento (una institución del Estado) y por tanto irregular y muy difícil de explicar en ningún foro serio; va bien para armar ruido, para armar camorra.

Con lógica pragmática la mejor respuesta a la provocación puede ser el desdén; ni caso. Lo cual implica que ese desdén o desprecia se extiende no solo a los votantes de la resolución sino a la propia institución utilizada para la provocación. Dejarlo pasar, que ha sido la no respuesta del estado a las sucesivas provocaciones del independentismo utilizando las instituciones, es práctico pero probablemente no es ni suficiente ni inteligente; entre otras razones porque el deslizamiento hacia la provocación jactanciosa va contra valores como la lealtad y el respeto que tienen mucho que ver con la democracia, con el respeto al estado de derecho.

El Jefe del Estado, el rey, está inerme ante esta situación; su función le coloca al margen de la reyerta política. Y aunque los “indepes” tratan de ampararse en que el Rey les afrentó en su discurso del 3 de octubre el argumento no es inane, no se puede sustentar tras una lectura objetiva y reposada del mensaje del rey. No hay caso,  no hay motivo, aunque sirva como excusa.

El Gobierno duda entre la estrategia de don Tancredo”, es decir llamarse a andana (que es lo cómodo) o responder con autoridad. De momento ha decidido utilizar el burladero de pedir un informe al Consejo de Estado como órgano institucional de mayor rango para aconsejar al ejecutivo. ¿Cómo vaya a responder el Consejo es imprevisible. Como en esa casa hay gentes de mucho fuste la respuesta será interesante ya que pueden entrar en materia e ir al fondo de la provocación o salirse por la tangente, que, muy probablemente, es lo que espera el gobierno con la creencia de que la ley de la gravedad, lo último desplaza a los penúltimo; lleve a que este asunto pase a la papelera desplazado por la siguiente provocación.

Si en Consejo de Estado aconseja actuar la respuesta pasaría a otra institución de mayor cuantía: el Constitucional que puede advertir al Parlament que no se meta donde no tiene competencia ni facultad, e incluso advertir a quienes dirigen esa cámara para que tengan en cuenta que desobedecer tiene consecuencias; que decisiones impropias no se pueden amparar en el derecho a la libertad de expresión sino en otros valores  y derechos, tan importantes como éste, que no es derecho ilimitado. Frente a la provocación jactanciosa conviene reaccionar, entre otras razones porque dejarla correr suele conducir a erosionar y pudrir hasta gangrenar la convivencia.