Sánchez reacio a anticipar elecciones

A Sánchez le sacaron de Ferraz, de la secretaria General del PSOE, el primero de octubre de 2016 a empellones. Hizo cuanto pudo para evitar el despido antes de concluir su mandato en julio del 2018; llevaba 26 meses al frente del PSOE. Su despido forma parte de los avatares grises de la larga historia del socialismo español, y su retorno al poder socialista nueve meses después acredita una voluntad y una confianza extraordinarias. Hay pocos precedentes de una historia semejante, tanto en velocidad como en intensidad. Y para completar ese perfil de pasión por el poder y tensión hasta ganar sirve su llegada a la Moncloa mediante una sorpresiva y sorprendente moción de censura a Rajoy ejecutada con limpieza de cirujano decidido.

Comparar las carreras políticas de los siete presidente de la democracia española bajo la Constitución del 78 ofrece como dato el escaso bagaje del actual Presidente; un desconocido para la opinión pública, incluso entre su parroquia, que apenas podía exhibir más allá de la condición de diputado accidental (dos veces tras correr la lista avanzada  la legislatura) y de concejal madrileño en la oposición. Con mucha audacia Sánchez ganó la presidencia del PSOE en una situación crítica del partido y desde hace pocos más de cien días alcanzó la presidencia.

Es obvio que el bagaje intelectual y político del personaje es bajo; y que su liderazgo es discutible a la vista de la gestión de su gobierno, que empezó con muy buena acogida, pero también está acredita su voluntad y resistencia. Lo cual tiene relevancia para apreciar cuándo convocará elecciones, que es una de las incógnitas mayúsculas de la actual coyuntura política española.

No son pocos los que sostienen que Sánchez debería haber disuelto las cámaras ya, que ese era su compromiso (aunque fuera de forma ambigua); y no menos los que sostienen que si no consigue proponer y aprobar en tiempo y forma los Presupuestos para 2019.

Pero a la vista del perfil resistente del señor Sánchez, y de ese sentimiento que trasmite con la frase: “soy el Presidente” además del dato de que se encuentra cómodo en el Palacio de la Moncloa hay razones fundadas para pensar que agotará el mandato hasta el límite, contra tirios y troyanos, frente a carros y carretas. La Constitución dice (artículo 68) que las Cámaras se disuelven de oficio a los cuatro años del día de su elección, de manera que el 26 de junio del 2020 (faltan 641 días) se produciría la disolución por imperativo legal. Para que ocurra antes se precisa una decisión personal del Presidente o una moción de censura. Y ambas hipótesis tienen tantas posibilidades como que el desenlace sea a término de mandato.

La misma Constitución señala  que las elecciones se celebrarán entre 30 y 60 días después de la disolución, lo cual sitúa la convocatoria entre el 26 de julio (domingo) y el 25 de agosto (martes). Así que la consecuencia, a la vista del calendario, apunta al último día de  julio de 2010 la convocatoria de elecciones y a una fecha posterior la renovación o conclusión del contrato del inquilino de la Moncloa. ¿Cuántos de lo9s ministros actuales pueden ir cayendo por el camino? Sospecho que bastantes, mientras Sánchez resiste.