El Congreso se divierte mientras la deuda se va al cielo

El Parlamento español empieza a parecerse (en lo malo) al norteamericano por las tretas y el dominio del procedimiento sobre el fondo de las estrategias partidistas. Por ejemplo, las comisiones de investigación en el Capitolio son temibles, intensas y con resultados sustanciales para tomar medidas legislativas. Las comisiones de aquí se parecen en agresividad pero al servicio del espectáculo y de la nada. La del martes en el Congreso con Aznar de testigo estelar se coloca a la altura de los debates televisivos del corte “sálvame” y equivalentes, algo que tiene que ver con la responsabilidad legislativa y de control del ejecutivo. Una vergüenza.

Los del PP, con Aznar de protagonista estelar y de faro, siguen negando las irregularidades de su financiación a pesar de las evidencias  que obran en los sumarios conocidos. El PP se ha abonado a la tesis de negar hasta el final, y la oposición no es capaz de ir más allá de la invectiva estéril. Las confrontaciones de Rufián o Iglesias versus Aznar me parecieron espectáculos decepcionantes (por más que a sus cofrades les satisfagan), casi denigrantes. No merecen más líneas, pasar página y olvidar porque no añaden nada.

Más interesante debería ser el debate presupuestario por sus consecuencias prácticas. Pero también se desliza por ese estilo  “camorrista” que invade la “conversación” política. El Gobierno utiliza una treta presupuestaria para ganar ventaja y lograr aprobar el techo presupuestario que le conviene al Gobierno. Será legal pero es oportunista; el fin justifica los medios, pero es poco ejemplar.

Más grave me parece que la cuestión es bastante aparente, nominalista, que omite el asunto central del Presupuesto: la deuda, que excede de lo previsto en las leyes y en los convenios. Uno de los problemas críticos para la economía española es el déficit y las limitaciones que impone y los riesgos que advierte.

El Gobierno quiere unos presupuestos expansivos con las excusa de hacer política social. Para eso ha negociado con la Comisión Europea más margen para reducir el déficit y por ese camino ampliar el gasto. En el fondo son trampas en solitario; más déficit significa más deuda y por tanto más impuestos futuros. La ecuación es tan simple como abrumadora.

El Gobierno debería saber que lo difícil no va a ser aprobar los Presupuestos sino cumplirlos. La experiencia dice que los gastos irán a más y que los ingresos son más inciertos, sobre todo si la economía va a amenos, tal y como apunta la tendencia. La noticia de ayer es que el Gobierno va a retirar de inmediato el impuesto sobre la electricidad. Eso significa una buena noticia para todos los consumidores, pero una mala noticia al tesoro. Una caída de la recaudación debería llevar, de inmediato, una reducción del gasto. Y este Gobierno no tiene entre sus prioridades más gasto. ¿Cómo van a cuadrar las cuentas? Ni ellos lo saben, es asunto para pasado mañana, es decir que no es urgente.

El Congreso se divierte en la pendencia, se entretiene, mientras la deuda crece. Inquietante.