Sánchez y el gobierno vs. ABC y otros

¿Quién determina si hay plagio o no? ¿Dónde está el cuentahílos para determinar si esa consideración es un hecho o una opinión? En su día el tribunal calificador (cinco profesores-doctores) y antes la directora de tesis, otra doctora, dieron por buen la tesis y la calificaron “cum laude”. Y ahora la propia Universidad que firma el título advierte que no ve irregularidad alguna. Pero todo apunta que fueron muy benévolos, muy generosos, que en esa Universidad cuela, porque el trabajo es pobretón, poco original e irrelevante. De hecho nadie se ha referido nunca a él, lo cual es indicador de trabajo inane. Más aun el propio autor nunca ha utilizado su trabajo como aval de autoridad para una política, una propuesta, un análisis económico o político. El propio hecho de que rodeara el texto de cautelas para evitar su divulgación advierte sobre la valoración que el autor tiene del trabajo: muy poca.

Lo nuevo ahora es la confrontación con los medios que han calificado la tesis de plagio, juicio que me parece más opinión que dato objetivo o incontestable. El Gobierno y el presidente se han volcado en la defensa del “honor” (académico) del autor con afirmaciones en algunos casos extravagantes.  Por ejemplo la portavoz que llegó a destacar el mérito del Presidente como único doctor al frente de los últimos gobiernos. No es cierto, y el exceso de celo produce extravíos. Académicamente el presidente es muy poca cosa y la ministra de Educación, que es del ramo, lo sabe o debe saberlo, el cargo no debe nublar el entendimiento.

Es interesante señalar que el Gobierno detectó que la vía correcta y legal para defender su posición iba por la ley del derecho de rectificación que está en vigor, que es interesante y que se utiliza poco, entre otros motivos porque los jueces no la defienden y los medios se chotean de ella. ABC no lo ha hecho y acertó al publicar de inmediato e íntegro el escrito de rectificación. Ambas partes han fijado posición y cada cual sacará sus conclusiones.

La experiencia dice que a los gobiernos no les va bien la confrontación con los medios, y que en cada legislatura hay algunos choques de trenes que no llevan nada más que al calentamiento de unos y el regocijo de otros.  Suárez tuvo choques épicos, González les tuvo mayores y otro tanto Aznar. Gobiernos y medios están llamados a llevarse entre muy regular y mal, lo cual es buen síntoma.  Quizá Zapatero, que fue muy zarandeado, es el que se mostró más flemático e insensible, más sonriente, aunque le doliera el pie que le estaban pisando.

Pudiera ser que el presidente (a título personal) o incluso el gobierno decidan dar un paso más hasta la demanda civil (honor) o la querella  (calumnia o injuria) que abriría un frente judicial interesante para la doctrina sobre los límites del artículo 20 de la Constitución. Pero no creo que los abogados recomienden seguir adelante a la vista de la jurisprudencia disponible. Se ha hecho uso de la rectificación… y bien está y ya está bien.

Sospecho que el caso tiene poco recorrido, que las posibles interpelaciones parlamentarias de la oposición solo serán ruido, y que el presidente ha recibido unas banderillas que tendrá que curar y apechugar con ellas. La desdichada tesis dará juego a sus adversarios en discursos y debates pero no es letal, ni mucho menos.

La tanda de escándalos universitarios que a lo largo del año ha producido varias defunciones políticas y académicas, puede estar lejos de concluir, si el personal se afana en investigar carreras académicas y destapar ligerezas y tropelías que se han cometido en algunas universidades poco escrupulosas con alumnos y profesores  aprovechados y de juicio ligero.

No obstante  los líderes y los partidos deberían reflexionar sobre si ese camino les conduce a ganar la confianza de los ciudadanos. El balance de esta ronda es negativo para todos, para los partidos, para la universidad y para la sociedad en su conjunto. El gobierno en vez de cargar contra los periódicos haría bien en investigar, analizar, detectar los problemas de fondo y proponer medidas para prevenir que se repitan este tipo de escándalos. También depurar lo que queda en la sentina.