Cataluña en el Teatro: 7 semanas de ”movilización”

Con una formalidad un tanto gótica, con mezcla de fatiga, incredulidad e incluso estupor (ilustra un lema de las CUP de estos días: “estamos hasta los cojones de todo” el presidente vicario de Cataluña, previa consulta con el otro presidente fugado, leyó los mandamientos de la parroquia “indepe” para las próximas 7 semanas. Utilizó el escenario del Teatro Nacional de Cataluña, alternativo al Parlamento o el solemne e histórico Palacio de la Generalitat, lo cual lleva a pensar que se trataba de una obra teatral (puede que drama épico, quizá comedia de enredo o esperpento).

Las interpretaciones al discurso del Presidente, presentado como programa u hoja de ruta para los suyos, han sido amplias ya que también lo fueron las ambigüedades. Pretendió una posición firme (ni un paso atrás), determinada, y así ha sido percibido por algunos medios españoles decididamente críticos con el independentismo. Pero para los radicales presentes y ausentes el Presidente se mostró contemporizador, taimado, insuficientemente comprometido y decidido.

Desde el gobierno Sánchez siguen decididos a no darse por aludidos como adversarios, a no percibir a los “indepes” como riesgo insoportable que hay que detener antes de que vayan más lejos. Los socialistas quieren “armarse de razón” y dar espacio a los sectores más autonomistas del nacionalismo para que se avengan a un arreglo, siquiera sea temporal.

La realidad apunta que es espacio del centro, de la moderación pactista, está desarbolado, que los agitadores más extremistas dominan la agenda y el discurso. Pero también es evidente que estamos ante ladradores poco mordedores; como si vuelven a las posiciones de hace un año, los días previos a los actos sediciosos en el parlamento (6 y 7 de septiembre), con el referéndum (1 de octubre) o el amago de Declaración Unilateral de Independencia que duró un suspiro.

Torra quiere ser leal a los sediciosos, se muestra decidido a desobedecer, a desbordar la ley, pero no pasa de lo declarativo; trata de ampararse en el Parlamento a la hora de decidir y reclama unidad y  movilizaciones perpetuas, lo que los de las CUP y equivalentes llaman “mambo”. La propuesta del “paro de país” desde el 11 de septiembre para amedrentar a Madrid y asombrar a Europa no ha entrado en la hoja de ruta. Desobedecer, colocarse fuera de ley de forma flagrante es algo que solo entra en el esquema de las CUPO y de los más ventilados. Torra no quiere no fugarse ni arriesgarse a acompañar a los que están en prisión.

El calendario es claro: gran movilización con muchos efectos especiales el martes 11, si fuera posible algunas provocaciones para sustentar el discurso victimista, y luego conmemoraciones emotivas los días 1 de octubre (aniversario del referéndum)  y 27 (aniversario de la Declaración de independencia). Todo ello para llegar a la épica de la resistencia a la sentencia del Supremo que tiene un calendario incierto ya que los recursos de los procesados pueden conseguir retrasar la vista (y la sentencia) hasta avanzado el invierno. e manera que mucha paciencia, calma para descifrar los mensajes y resistencia. Además evitar resbalones. La opinión de las CUP describe bien la situación: “hasta los cojones”.