IRPF: improvisaciones y pellizcos de monja

El Gobierno chapucea con el IRPF para contentar a sus aliados parlamentarios y alargar un gobierno corto y provisional que busca su oportunidad electoral. La naturaleza de este gobierno es revertir las medidas impopulares del anterior y gastar más con el argumento del déficit social, de los efectos de la austeridad. Y para gastar más solo hay dos caminos: ingresar más o ahorrar para redirigir el gasto. De los segundo no se nota nada y sobre lo primero se oye voluntad, aunque se nota falta de maña y de proyecto Para ingresar más hay dos caminos, subir los tipos impositivos sobre los que ya declaran o recaudar mejor, es decir acotar cauces al fraude, especialmente la ocultación o sumergimiento de las bases imponibles, lo cual también requiere paciencia, determinación y eficacia.

Para ir rápido, al ritmo de la política electoral, hay que hablar, declarar, prometer, aunque luego no lleguen resultados, para eso hace falta más perspectiva temporal que el horizonte electoral. Una política fiscal eficaz y duradera desborda el marco de media legislatura. Por la vía rápida el argumentario es simple y tópico: que pagan los ricos, las grandes empresas, y no las clases medias, autónomos, pequeños empresarios, trabajadores o pensionistas. Y además con perspectiva de género (que es receta obligada en un gobierno feminista). Pero con esa lógica el deslizamiento hacia la retórica y la propaganda es irresistible.

Sorprende la ausencia de ideas en un PSOE que fue parte esencial de la reforma fiscal de 1977, a medias con UCD, una historia insuficientemente contada, especialmente cuando tanto se habla de la “transición” con poco fundamento. También ha sido protagonista de las sucesivas actualizaciones de un impuesto tan esencial, que llegó a España con décadas de retraso, y que fue piedra sillar de la modernización y la democracia. Un impuesto, el principal del sistema, al que los gobiernos socialistas y populares han recauchutado a lo largo de diez legislaturas para dejar hoy un esquema con demasiadas averías, con signos de agotamiento aunque sigue siendo el primer recaudador.

Al gobierno Sánchez se le nota empantanado en una retórica como la que exhibe la ministra de Hacienda, que, sospecho, ha estudiado poco la naturaleza, trayectoria, realidad y necesidad del impuesto. Debate con los socios cómo mejorar la recaudación y discurren por camino tan fácil como estéril: subir los tipos de la parte alta de la tabla, los de rentas declaradas superiores a 120.000 0 150.000 € al año. Van sobre los que más pagan, los que sostienen el impuesto: 90.000 declarantes (el 0,5% del total) que declaran el 3% de la base imponible y pagan el 16% de la recaudación.

¿Se les puede exigir más? Desde luego, basta con una ley aprobada en el Parlamento; de hecho hace treinta años, a principios de los años 80 el tipo marginal máximo llegó al 66% (y en algunos otros países hasta el 90%) frente al 45% actual (48 en Cataluña). Elevar el marginal tiene contraindicaciones y consecuencias no previstas por lo que conviene ser cautos a la hora de estimar el aumento de la recaudación. En realidad esos cuatro o siete puntos de subida que Podemos y el PSOE negocian para los casi cien mil posibles contribuyentes conocidos con base imponible superior a 150.000€ pueden quedar en “pellizcos de monja” a efectos recaudatorios. En el mejor de los casos no aportarán aumento superior al 2% de la recaudación por IRPF. De manera que más ruido que nueces.

Otro si para la pretensión de podemos de suprimir los estímulos al ahorro en fondos de pensiones. Sostienen que puede producir dos mil millones de euros al año, pero me parece un cálculo muy optimista, poco realista y que no tiene en cuenta que desmantelar el sistema de pensiones privadas también tiene consecuencias y que hay diez millones de españoles que ahorran mediante esa figura.

En resumen demasiada improvisación y dudosa eficacia recaudatoria. La doctrina fiscal más solvente sostiene que los impuestos deben ser claros, estables y sencillos. Y no parece que esa sea la política fiscal desde hace años, de éste y del anterior gobierno que chapuceó sin tregua. La realidad es que tenemos impuestos con tipos medio-altos y recaudación medio baja.