Trump empieza a temer al día de después

Si difícil es llegar, en la política y en los negocios, más complicado es mantenerse y ampliar el legado, mejorar lo recibido. Lo dijo Maquiavelo en sus consejos al príncipe: si conquistar los reinos es excepcional, más complicado es mantenerlos y engrandecerlos. El presidente Trump es accidental, llegó al cargo sin pretenderlo, para él la candidatura y la campaña eran una operación de marketing para dar valor a su marca, a su negocio. Pero, accidentalmente, por mor de las circunstancias, ganó la nominación y la presidencia, para asombro y sorpresa de sus propios valedores, de su familia y de él mismo.

Probablemente Trump, concluyó, con los resultados en la mano, que había doblado la apuesta, que desde la Casa Blanca podía mejorar más aun su marca, satisfacer su vanidad hasta el paroxismo y hacer historia. Y se puso a la tarea sin reparar en medios. Su osadía, su carencia de escrúpulos y de límites y su ego (todo ello bien conocido por cuantos habían estudiado al personaje) le ha llevado a sorprender a casi todos y a crear una parroquia asidua que ve en él la encarnación de frustraciones y odios. Será malo, pero tanto como los otros, además este no pretende pasar por bueno y les zurra la badana los políticos de siempre. Esa es la respuesta de una parte de los que apoyan a este presidente accidental. Un personaje ajeno a la política, carente de programa y que solo contempla el mundo desde su propia sombra o interés.

Estos días están viendo un futuro más oscuro, el riesgo de que el legado sea desastroso y que la historia no le perdone. Ayer advirtió que si las investigaciones judiciales le colocan en el disparadero de la dimisión o el despido (improbable ahora) la bolsa se puede ir a pique y la economía quebrantarse con pésimas consecuencias para todos. Alfo así como sin mí… el diluvio, En eso se parece a Ortega y Maduro, que fían su futuro en que cuanto peor para todos mejor para ellos, que sin ellos todo irá a peor.

Que Trump, por sí mismo, haya llegado a esa línea defensiva es el peor indicador sobre su negro futuro. Él mismo percibe el abismo a sus pies; no se atreve a provocar el despido del fiscal especial que le investiga, teme que en noviembre los republicanos pierdan mayorías parlamentarias para convertir la Colina en un infierno para el presidente… de manera que tiene que poner en juego todos los recursos, toda su desvergonzada capacidad para seducir, mentir, enredar… hasta lograr los apoyos suficientes para seguir en el poder.

Sabe, no hace falta ser un lince, que la junta de acreedores que tiene pendiente en cuanto pierda el poder puede hacerle fosfatina, desvelar todas las trampas que acumula en una vida llena de aventuras tan osadas como peligrosas. Cuando un líder político o social se inquieta por el legado, por el día de después, por ese momento en el que se pierde el rango y los atributos, es que la capacidad de resistir se debilita. Para el presidente de los EE.UU. todas las horas serán pocas a la hora de defenderse, de construir el escudo que le evite sentarse ante un Gran Jurado, ante fiscales y también jueces que no se van a dejar impresionar. El camino final que se le abre es muy distinto al que imaginó y pretendía.

Un personaje que miente varias veces al día (verificado) y que carece de sentido de la responsabilidad y de reconocimiento de errores propios puede sobrevivir, pero no por mucho tiempo; antes o después las máscaras se caen y las verdades negadas pasan factura. Trump ha firmado demasiadas letras de compromiso, que no va a cumplir y que le pasarán factura. Si el sistema norteamericano  le ha soportado durante casi dos años, significa que tiene resistencia para soportar su caída. La democracia norteamericana está muy averiada desde hace años, sufre desgaste y vías de agua, pero es capaz de resistir el efecto Trump.