La austeridad fue ¿causa o consecuencia?

El gobierno de Sánchez anda metido en debate con su socio preferente (?) de Podemos a cuenta de la estabilidad presupuestaria (ley del PP) y de la reforma del artículo 135 de la Constitución (iniciativa del PSOE de Zapatero), de la que Sánchez (que la votó) no se siente suficientemente vinculado; ahora no lo ve tan claro como antes, quizá porque luego tuvo mala prensa. El argumento de fondo del debate es que la “austeridad” está en la raíz de los males de la patria, de la nuestra y de otras.

Y es que la palabra “austeridad”, que en otros tiempos fue una virtud (mortificación de sentidos y pasiones, dice el DRAE) ahora suena a una matraca del pasado, a una limitación de los bienes que merecemos. Nadie plantea que es lo contrario de austeridad y si puede molar y futuro. De momento queda el mantra de que la austeridad es un mal rollo, una trampa de los malos para fastidiar al pueblo soberano, al ciudadano común, al explotado.

Los de Podemos quieren acabar con cualquier limitación al gasto, social por supuesto, y argumentan para sostener la pretensión que hay muchos impuestos que se pueden recaudar, que hay margen. Pero no ponen a la tarea de recaudar antes de gastar, aplican el viejo principio (irresponsable) de que gobernar es gastar.

Forma parte de lo políticamente correcto de las verdades no cuestionadas, que la austeridad ha sido el mal de esta crisis, la causante de la pér4ida de capacidad adquisitiva, de riqueza, prosperidad y oportunidades. Como si acabar con la austeridad, desterrarla, proscribirla, fuera la medicina salvadora, el bálsamo de fierabrás para acabar con la crisis. Si los griegos son mucho más pobres que hace diez años no hay otra causa que la “austeridad”, impuesta por Bruselas, por el FMI, por los señores de negro.

Más bien esa “austeridad” fue la consecuencia y no la causa de los problemas. Cuando las comparaciones de la crisis griega (o de las de los otros países golpeados por la gran Recesión de 2008) se hace con referencia al 2007 hay un fallo de composición: los datos del 2007 están inflados por las trampas, por los excesos, por las burbujas…por tanto son datos dudosos, poco consistentes. La crisis griega estalló cuando un nuevo  gobierno (socialista, por cierto) confesó la verdad, reconoció las mentiras previas, la manipulación… y consecuentemente los excesos y la insostenibilidad de la situación. No era posible pedir más crédito, vivir por encima de la realidad, soportar más déficit, al que habían contribuido, con desvergüenza y abuso, los propios acreedores internacionales, el malvado capitalismo global.

La causa de la crisis fueron los excesos, las mentiras, los errores… no la austeridad que fue una consecuencia inevitable. Cabe sostener que fue una austeridad mal gestionada por los que la impusieron; pero sin la contribución de los socios europeos Grecia se hubiera despeñado a una crisis inimaginable, desde luego que mucho más aguda y dramática. Puede que el rescate fue equivocado, siquiera parcialmente, pero al alternativa era mucho peor.

Para el caso español de hoy, sostener que se pueden abordar políticas de gasto inmediato es insensato, imprudente, estúpido, irreal y antisocial. Primero porque el monto de la deuda pública es una amenaza permanente para el futuro, más aun en un horizonte de subida del precio de la deuda. Segundo porque seguimos instalados en el déficit primario, a pesar de crecer al 3%. Y tercero porque el ajuste, que ha afectado a servicios sociales esenciales con muy poco tino, se ha cebado sobre el mantenimiento de infraestructuras, sobre la inversión pública. Y eso va a pasar factura antes o después, vamos a conocer algún desastre como los italianos están sufriendo ahora.

La austeridad sigue siendo una virtud, y desdeñarla solo acredita tontuna, ausencia de juicio y de sentido común. Culpar a la austeridad de la crisis es tratar de evitar el camino de la recuperación, de la virtud, que pasa por la austeridad.