Venezuela se abona al cero patatero

Venezuela confirma la maldición de las “materias primas” (de tenerlas y no saber gestionarlas) y la tesis de que sin instituciones fiables, siquiera frágiles, los estados van al fracaso. No es el único de los estados fallidos de las últimas décadas pero aparece como uno de los casos más clamorosos y decepcionantes por su punto de partida, porque aunque, con manifiestas imperfecciones el sistema venezolano tenía una urdimbre, una trayectoria y muchas posibilidades. Podía haber sido uno de los países americanos más exitosos al sur del Río Grande pero va camino de convertirse en el peor de todos, con una salida muy complicada de su propio laberinto. La distancia que van tomando los cubanos al régimen de Chaves-Maduro, una vez  que han exprimido al compañero, hasta el límite de lo posible, es un buen indicador del agotamiento, la extrema necesidad en la que van a sumergirse los venezolanos. Y de los amigos rusos y chinos tampoco cabe esperar un maná adicional, una vez que la capacidad de pago, de contrapartida de Venezuela está agotada. Los rusos tienen bastante con sostener su propia área de influencia que les otorga un papel geopolítico de potencia y los chinos, que tienen dinero y mucha paciencia, ven muchas más oportunidades en el resto del continente que en Venezuela.

La última decisión agónica de Maduro utiliza el “cero” como receta o vacuna para buscar una cierta estabilidad monetaria y un rudimentario y frágil sistema de pagos que permita intercambios internos y comercio de subsistencia. Aludir a una tasa de inflación en Venezuela es ridículo ya que las cifras pierden significación por su carácter abrumador. ¿Qué significa una tasa de inflación de un millón %? Pues una extravagancia, ya que carece de significación matemática. Retirar cinco ceros (a la derecha) a la denominación de la moneda es como decir que no vale nada, ni céntimos.

La revolución “chavista” u “madurista” significa arruinar a todos sus compatriotas que carecen de capacidad o posibilidad para aparcar sus ahorros en otra moneda. Mientras tanto la fábrica de imprimir billetes, trabajando a jornada perpetua, a tiempo completo, sigue proporcionando oxígeno agónico a las bases del régimen, a los que disponen del carnet colorado, para resistir hasta el día siguiente.

Para los españoles el fracaso de Venezuela es especialmente doloroso por razones sentimentales y, también por intereses. Son muchos los españoles, especialmente en algunas comunidades como la canaria y la gallega, que tienen parientes y amigos en Venezuela, muchos bien instalados, a los que ahora tienen que ayudar en unos casos para subsistir y en otros para huir. Dicen que más de dos millones de venezolanos han salido del país por necesidad, y desde fechas recientes a la desesperada. Probablemente sean más, porque las cifras oficiales son muy poco fiables.

Los intereses empresariales españoles en Venezuela son relevantes, aunque desde hace años la retirada ha sido permanente e intensa. Se fueron los bancos que olieron la tostada y siguen Telefónica, Mapfre, Repsol… que tienen contabilizada a cero su inversión, aunque a cada devaluación tienen que aplicar nuevos ajustes, y que tampoco esperan ningún retorno a medio e incluso a largo plazo. Quizá algún día recuperen algo, pero será en fecha muy lejana.

Las explicaciones que da Maduro a su pueblo son las habituales en esos casos; idénticas a las que argumentaba Franco en los años duros del aislamiento y la autarquía. Su fracaso no era propio ni personal, de su modelo, sino consecuencia de la conspiración de los malos: para Franco de masones y comunista (también de los tontos liberales) y para Maduro del capitalismo, las corporaciones y Trump. Lo curioso es que no son pocos los que se lo creen y lo jalean, no solo allí, también por aquí donde la información est6á disponible. Maduro ha volatilizado en un segundo cinco ceros a la izquierda a Venezuela, les ha dicho que es el principio de la recuperación pero en realidad será el principio del fin. La cuestión ahora es cómo, cuándo y quién tendrá que empezar a recomponer.