IRPF y la regla del 80/20

El gobierno de Sánchez anda deshojando la margarita de los impuestos sin decidirse y, muy probablemente, sin proyecto de referencia, más allá de elevar la recaudación para cumplir el viejo principio de que “gobernar es gastar”. El PSOE desarrolló una idea de reforma fiscal durante la etapa Rubalcaba cuando trabajó en la actualización de su programa de partido socialdemócrata. A Sánchez no le interesaron nada esos trabajos y en estos momentos indagar sobre las ideas fiscales del presidente es objetivo inabordable por ausencia de documentación. Sabemos que Sánchez estuvo en el equipo de Economistas que encabezó Miguel Sebastián para elaborar el programa económico de Zapatero que incluía un apartado fiscal socialdemócrata. Pero la aportación de Sánchez a aquel equipo fue limitada, funcional; no hay datos que avalen que mantenga una idea elaborada sobre la materia. Tampoco la ministra de Hacienda tiene obra conocida sobre la materia y la de Economía es experta en asuntos presupuestarios pero no en materia fiscal.

En su día, Manuel Escudero (hoy embajador en la OCDE), que fungía de economista de cabecera de Sánchez aportó la idea de un impuesto extraordinario sobre los beneficios de la banca para hacer frente al déficit del sistema de pensiones (17.000 millones de euros año), sin concretar detalles, más allá de que podía recaudar algunos cientos de millones, que podía suponer un 8% de recargo so0bre el impuesto de sociedades y q1ue se justificaba como una compensación del rescate de las cajas. Todo demasiado vaporoso e insuficiente. Además apuntaron que las industrias tecnológicas globales podían soportar otro impuesto especial (quizá sobre la facturación) para ganar ingresos, algo así como el impuesto sobre la factura eléctrica, los carburantes, el tabaco, las bebidas alcohólicas de cierta graduación… Pero también sin concretar.

Desde Podemos se han trasladado al gobierno sugerencias para recaudar que tratan de ser indoloras para la mayoría, además de ecológicas y redistributivas. También apuntan a los beneficios empresariales como fuente de ingresos y, sobre todo, a los que ganan más, con el guarismo habitual de los 60.000€, que viene a ser el ingreso medio de los diputados y de la mayoría de los políticos instalados. Su propuesta es aumentar los tipos a los que ganan al año más de esa cifra.

En actual IRPF es claramente progresivo con escalas crecientes y como mínimos exentos que dejan exentos de impuestos a rentas inferiores 16.000€. Según las últimas memorias tributarias el IRPF cumple el modelo del 80/20, es decir que el 80% de los declarantes pagan el 20% de la cuota líquida mientras que el 20% (con bases declaradas de más de 30.000€ año) aportan el 80% de la recaudación. Por encima de los 60.000€ año se colocan menos del 5% de los declarantes que aportan el 38% de la recaudación por IRPF.

Cada cual puede concluir si esa progresividad en el IRPF es razonable o no, pero es evidente que la curva es pronunciada. Otra cuestión es cuantas bases imponibles quedan fuera del ámbito del IRPF por ocultación o por algún tipo de exención o ventaja.

El sistema fiscal español está necesitado de revisión a fondo, hay estudios completos, competentes, sugerentes… de los que echar mano para esa operación. Habría que recaudar más, se puede recaudar más, y se puede hacer mejor, pero para eso hay que trabajar, explicar, elegir y actuar sin demagogia y con responsabilidad. Lo del 80-20 conviene tenerlo presente ya que significa algo.