Experimento electoral en Barcelona

Todo huele a elecciones, aunque todos los partidos, incluidos Ciudadanos y el PSOE, sienten el vértigo de un resultado incierto que puede ratificar la inestabilidad o provisionalidad actual o dibujar otro mapa nuevo con mayorías más viables. Hasta la cita cierta del próximo mayo (municipales, autonómicas y europeas) pueden llegar otras citas: la inevitable en Andalucía antes de marzo; la posible en Cataluña, en cualquier momento; la improbable en Valencia y la pieza mayor, las generales que solo Sánchez puede convocar antes de junio del 2020.

Para todos esos eventos hay factores nuevos, con partidos renovados, envejecidos, reordenados y con coaliciones dibujadas o por dibujar que pueden alterar el mapa, las preferencias de los electores  y los equilibrios futuros de poder. De entre todas las renovaciones posibles la del Ayuntamiento de Barcelona es una de las más interesantes.

En estos momentos el consistorio barcelonés es como un flan inestable: gobierna Colau (con mucho peso personal) con una minoría de 11 concejales sobre 41 y el 25% de los votos. Ha sufrido sucesivas derrotas que complican el cumplimiento de todos sus objetivos y promesas y apuesta por revalidar el primer puesto con una coalición que se sostiene porque no hay alternativa mejor que la actual.

Pero todos los demás están contra Colau y van a tratar de arañar algunos de los votantes que el año 20’15 confiaron en la novedad. En el lado “indepe” es probable que las CUP irán con su lista (ahora cuentan con 3 asientos y el 7,5% de los votos), aunque también es posible que la lista de Puigdemont, se llame como se llame (Crida o…) se proponga sumar el voto  “procesista” ya que el control del Ayuntamiento de la capital es crítico para el futuro. La antigua Convergencia encabezada por trías (hoy “inpede” y “procesista”) es el segundo grupo municipal con 10 concejales y 22.7% de los votos. El doble que la lista ERC (5 asientos y 11% de votos). Que ambos grupos vayan a compartir lista es una de las incógnitas que se despejará en breve. Un dato crítico. La suma de los tres grupos “indepes” (la antigua Convergencia, ERC y CUP) lograron el 2015 el 41% de los votos y 18 asientos y es improbable que juntos alcancen esa cota.

Al otro lado, en lo que llamamos “constitucionalistas”, que es cualquier cosa menos un grupo posible, Ciudadanos cuenta con 5 asientos y el 11% (tercer grupo), el PSC 4 asientos y menos del 10% y PP otros 3 y el 8,7%.  No alcanzaron el 30% y hoy su propuesta será distinta y distante. Sobre ellos pende el proyecto de Manuel Valls, urdido desde Sociedad Civil Catalana con la complicidad de Ciudadanos y el escepticismo de PSC y PP. La decisión de Valls altera todos los esquemas y dibuja expectativas que las encuestas no han detectado aun, porque no hay propuesta ni argumentos. Lo que ocurra durante las próximas semanas será determinante para el aterrizaje de Valls que quiere participar pero que aspira a razonables garantías de fortaleza para competir.

Lo que el caso Barcelona  propone es que en los telares políticos se están tejiendo nuevos modelos, otras listas, ofertas que pueden dibujar otro mapa. Lo que ocurra en Barcelona, antes y después de mayo, será decisivo para Cataluña y para España.