Presupuestos 2019: un proyecto embarrado

La Ministra de Hacienda se esmeró en el Congreso para convencer a unos diputados que no la querían escuchar, que habían pasado de pantalla. Iban a castigar al gobierno amigo (Podemos y catalanes soberanistas), a bajarle los humos; y así lo hicieron el viernes. El discurso de la Ministra fue inútil; como los intentos del Presidente para sostener el consenso que le llevó a La Moncloa. Luego han venidos los reproches, preñados de demagogia, que estaban reservados para la oposición (para Rivera y Casado) pero que se han hecho extensivos, con distinto acento, a los socios provisionales. La Ministra, el Gobierno, debió llegar al pleno con los deberes hechos, en el Parlamento no se va a convencer, eso se hace antes. Y no se supo hacer, o quizá era imposible. !Vaya tropa…!, diría Romanones. Pero eso no es nuevo, ni es raro.

La materia de fondo es el Presupuesto 2019, pieza central de la política económica. Pero eso es teoría, en España los Presupuestos han estallado por los aires hace años, especialmente los últimos, los que en teoría eran más sencillos al cabalgar sobre una recuperación económica con crecimientos anuales del 3% (media del ultimo trienio) que suele ser el mejor engrase y la mejor materia prima para proponer unas cuentas públicas eficientes y ejemplares.

No es eso lo que ocurre, no hay pedagogía presupuestaria, no la hizo Montero, cuando pudo y no la hace Montero, cuando debe. El Presupuesto es un artefacto político para castigar o premiar al gobierno, para acelerar o retrasar unos meses las elecciones generales. En resumen, una vergüenza, otra más, de estos políticos mediocres e irresponsables que toman las decisiones con cálculo partidista. Quizá Rivera y Casado sean menos desvergonzados, pero esa es una hipótesis no probada.

Un Ministro o Ministra de Hacienda responsables tendría que pintar el cuadro del déficit y de la deuda (que son dos dimensiones distintas aunque enlazadas y complementarias) con realismo y fundamento. Como en su día (1977) hizo Fuentes Quintana cuando España estaba a punto de deslizarse a país fallido como Argentina. Otro tanto hizo Boyer en 1983, en otra coyuntura complicada. Pero ahora ese realismo es inverosímil, no entra en el horizonte mental de estos políticos. Felizmente el derrumbe es más complicado porque el soporte euro-BCE-Unión Europea actúa como red de salvamento. Pero no llegar a país fallido no evita convertirse en país mediocre con potencial de crecimiento afeitado, limitado.

El Gobierno pretende que “las oposiciones” (la formal y la coyuntural) han ido contra el gasto social, han renunciado a gasto público. Es pura retórica, cortoplacismo poco creíble. “Que expliquen a los ciudadanos la renuncia a gasto social” clama Sánchez con esa cara contrita e inocente que sabe poner. Pero hay basurilla en la proposición. No es tan sencillo. El gasto es una hoja de la tijera presupuestaria, y en esta coyuntura cabría esperar, del gobernante responsable, más complejidad en el relato, más argumentos sobre el cómo, dónde,cuándo… hacer el gasto, cómo dar oportunidades a la eficiencia, al análisis coste-beneficio, a las estrategias a medio y largo. Y de eso nada. Por eso el Presupuesto 2019 está embarrado, averiado y con pocas posibilidades para ser útil.