Aznar en Génova, lo raro era la ausencia

Casado y Aznar

Que en el Congreso del PP del pasado fin de semana estuvieran familiares de Fraga y de Suárez era de lo más razonable, además de inteligente. Lo anómalo fue la ausencia de rastro de Aznar. Y ese hecho no era achacable a los candidatos, la responsabilidad era de Rajoy, presidente del partido  que se dejaba llevar por el rencor. Aznar firmó más nombramientos de Rajoy que nadie antes, le colocó en el Gobierno varias veces y le entregó el partido. Además cumplió ese undécimo mandamiento no escrito de que una vez que te vas: “no estorbes”. Aznar estorbó muy poco a Rajoy; intervino solo tras los fracasos electorales de 2015 en Cataluña primero y en las generales de diciembre después. Ante ambos acontecimientos críticos que Rajoy trató de disimular Aznar dijo en público, en una junta nacional del PP a la que asistió en su condición de presidente de honor, que el fracaso obligaba a hacer parada y fonda, a reflexionar, incluso, a consultar a los militantes en un Congreso. Era de lo más razonable, pero encajaba mal en el modelo Rajoy fundado en que los problemas se arreglan solos, por gravedad.

Aznar se distanció de su sucesor y le fue mandado recados: primero desabrochó FAES del partido con explicaciones inverosímiles y luego renunció a la presidencia de honor que era como decir “allá os las compongáis sin mí”. También de lo más razonable. Rajoy nunca dijo nada, ni en favor ni en contra de su antecesor. Si hubiera estado menos pasmado estos días debería haber intentado una reconciliación con Aznar, aunque solo fuera por las apariencias, invitándole al Congreso y gestionando su presencia. No lo hizo, por las razones que fueran, pero que allí estuviera el hijo de Suárez (a quien Rajoy nunca votó) y no estuviera Aznar, refundador del PP y su presidente más carismático y efectivo era anómalo y dice poco del estilo Rajoy, prisionero de una ruindad nada inteligente.

Casado ha reparado inmediatamente la anomalía invitando a Aznar a visitar Génova, a hablar y a conocer las nuevas instalaciones (pagadas con dinero B, por cierto). Y de eso derivar una ubicación político-ideológica novedosa de Casado es artificioso. Porque Aznar, Rajoy y Casado son de la misma filiación, del PP de toda la vida, Rajoy más ecléctico (pero no más centrado) que los otros dos que tienen vetas liberales además de conservadoras.

Casado ha mostrado sus inspiraciones ideológicas desde el primer día, no fueron casuales las citas a Donoso Cortés y a Julián Marías, ni las tesis sobre impuestos, familia, enseñanza… lo anómalo hubiera sido que sobre semejantes materias hubiera improvisado o sorprendido. Sospecho que Pablo Casado quiere ser previsible e identificable y, por talante, tratará de evitar restar efectivos en el partido. Aznar no es simpático, concita mucha oposición (también adhesiones), pero el PP no está para prescindir de su legado al tiempo que trata de integrar el de Suárez, que tan mal se llevó con la Alianza Popular donde habitaba Rajoy.

A Casado la fiesta del triunfo le ha durado poco, el avatar académico de juventud le persigue desde el primer minuto y tener la reputación en manos de una instrucción muy mediática es más que una piedra en el zapato o un cardo en el pantalón. Ahora todo va muy deprisa y bastante descontrolado, con cisnes negros a cada rato. La fibra, y la baraka, de Casado se pondrán a prueba cada día, con el titular de cada mañana. Nada nuevo.

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