El evento del PP: una nueva experiencia  

Congreso PP

El Partido Popular aparentaba de partido estructurado, jerarquizado, ordenado... y en cuanto se ha puesto a prueba todo ello ha quedado cuestionado. Dicen que el carácter de las personas y de las organizaciones se aprecia en los momentos difíciles, en la adversidad; con el viento a favor navegan incluso los que no saben, la pericia se acredita frente a la tormenta. Y en la tormenta la pericia del PP ha sido, cuando menos, discutible.

Han conseguido organizar un congreso en pocas semanas, tras el fracaso relativo de las primarias de militantes que dejó al descubierto un censo inverosímil y una participación modesta. Llegaron al punto de dos candidatos confirmadas sin recursos que cuestionaran la validez de la primera elección complicando el proceso. Hubo amagos, pero no llegaron a más, era una hipótesis suicida.

Llega ahora, mañana, la decisión crítica de elegir al nuevo líder con la oferta de dos perfiles diferentes por su origen, trayectoria y proyección futura. No son dos almas ideológicas las que concurren, ni siquiera estratégicas (que es lo habitual en otros partidos) sino dos personas distintas, con estilos manifiestamente diferenciados, que proyectan un futuro abierto e incierto para el Partido Popular. Las dos presentan muchas incertidumbres y páginas en blanco; y es poco probable que colaboren en el futuro o que abran la hipótesis de una escisión. Fuera del PP ninguno tiene posibilidades de crear un nuevo partido. Y salvo un puñado de fieles irreductibles que se irán (o quedarán), el resto de apoyos de cada uno se reincorporará al cuadro de mandos (y empleos) del partido con mejora o pérdida de rango.

Pese a evidentes fallos de organización, impropios de un partido con tanta experiencia (quizá van a echar en falta a Correa) los tres mil compromisarios-electores concurrirán a las 25 mesas y urnas previstas, con reparto alfabético por mesa que hace muy difícil el análisis posterior del voto. A cada mesa corresponde poco más de cien papeletas que permiten un recuento en pocos minutos al mediodía del sábado) y, casi de forma simultánea, la suma de las 25 actas que estarán supervisadas por un interventor de cada candidato.

Los organizadores han previsto cabinas en cada urna que garantizan la intimidad del voto, lo cual supone que todas las simulaciones hechas hasta ahora carezcan de valor ya que cada elector optará en ese minuto de la verdad por la papeleta que le venga en gana, con motivaciones que son imposibles de adivinar con carácter previo. Habrá electores que han prometido el voto a las dos candidaturas con la seguridad de que ninguno sabrá lo que hizo en el momento decisivo.

Cuando sepamos el resultado abundarán los análisis inteligentes o ingeniosos sobre las preferencias de esos tres mil electores y sobre el acierto de la estrategia de cada campaña. Un aspecto relevante para los estudiosos serán las dos intervenciones programáticas de los dos candidatos, con las que tratarán de arañar los últimos votos decisivos y, sobre todo, el discurso del vencedor que debe despejar el alcance de la reforma que se propone aplicar al Partido de Fraga-Aznar-Rajoy, tres hombres, tres destinos y tres caracteres. El cuarto no se va a parecer a ninguno de los otros, por generación, por trayectoria, por coyuntura y por formación.

Sobre el autor de esta publicación