El Gobierno será débil, pero saca músculo

No han pasado seis semanas desde que Pedro Sánchez ganó la moción de censura que desalojó a Rajoy de la Moncloa y le convirtió en segundo presidente del segundo gobierno de la XIIª legislatura, la inaugurada tras las elecciones de junio de 2016 que concluirá no más tarde del verano del 2020. Sánchez ganó la presidencia con una singular coalición de cinco grupos parlamentarios que agrupan dos decenas de partidos y suman hasta 180 diputados. No fue una coalición de gobierno, ni tampoco de media legislatura, ni siquiera de investidura, simplemente un acuerdo de hecho, no escrito, para desalojar a Rajoy y al PP y luego… ya se verá.

Pedro Sánchez tuvo la audacia de presentar la censura y pedir el apoyo de los demás grupos para censurar. Lo consiguió y se instaló en la Moncloa. Tampoco intentó un pacto de gobierno, ni presentó un programa, simplemente una promesa vaga de regeneración y convocatoria  de elecciones. Sánchez nombró un gobierno monocolor con la base de 85 diputados que sorprendió a propios y extraños por su composición, por estar formadas por personas con credenciales.

Un gobierno débil en apariencia, como insisten en señalar sus adversarios, pero que en pocos días acumula iniciativas que escalan a titulares todos los días. Aunque hay mucho de imagen es evidente que cada ministerio ha desplegado una panoplia de iniciativas que componen un programa de gobierno con una parte de desmontaje de las medidas unilaterales del anterior gobierno en materia de educación, laboral, fiscal… y otra de iniciativas políticas que satisfacen a distintas clientelas e intereses.

En el corto período de cuarenta días este débil gobierno ha exhibido más musculatura que el anterior de Rajoy que contaba con mayor base parlamentaria. Sánchez coloca a sus aliados coyunturales ante hechos más o menos consumados para los que con sigue apoyo suficiente. Lo ha hecho con RTVE y lo está haciendo con otras iniciativas que ya están en trámite parlamentario. Además ha atendido una agenda internacional en Europa sin contratiempos, con más empaque que su antecesor.

De manera que el gobierno será débil pero acredita musculatura y consigue aliados para llevar adelante sus iniciativas. Además ha abierto un proceso de enfriamiento de la crisis catalana, de incierto desarrollo pero que abre expectativas para habilitar cauces intermedios y pistas de aterrizaje para los independentistas sobrevenidos que, aspiran a volver al autonomismo a poco que fuera posible sin desgarros internos insoportables. Los indepes saben que no hay opción para la insurrección pero también constatan que el camino de vuelta es impracticable y que precisa de estímulos externos para poderlo digerir.

Sánchez tiene más probabilidades de fracasar en sus apuestas posibilistas y de no alcanzar el objetivo de ensanchar la base electoral socialista recuperando parte de los votos perdidos, pero ha llegado mucho más lejos de los pronósticos más optimistas para él.