Descifrar a los “indepes”, oficio meritorio

El discurso “indepe” es anfibológico, utiliza permanente el doble sentido de manera que el discurso permite sostener lo mismo y lo contrario. Los relatos sobre la larga conversación entre Sánchez y Torra en la Moncloa (incluida la visita turística por el complejo) sirven a sus respectivas parroquias para sostener conclusiones previsibles, las que cada uno tenía antes de atender a las explicaciones.

Para el entorno del gobierno Sánchez fue una conversación de enfriamiento, para buscar normalidad institucional y política. Para el entorno Torra fue de asentimiento, de ratificación de objetivos y confirmación de los últimos cien metros del proceso. Para los aliados desconfiados de Torra, esos que ellos llaman “hiperventilados”, una pérdida de tiempo, casi una claudicación con renuncia al soberanismo y vuelta al autonomismo. Para el constitucionalismo más militante el que claudicó fue Sánchez, un blando entregado al apaciguamiento que le llevará a la rendición. Y para los constitucionalistas que aspiran a encontrar salidas al laberinto una oportunidad perdida por déficit de firmeza en el inquilino de la Moncloa. Y para los escépticos y decepcionados solo una manifestación más del proceso autodestructivo de la sociedad española.

Descifrar las palabras de los protagonistas empieza a ser un ejercicio complicado, para especialistas que ponderan las palabras y su significado real, los gestos, los silencios y también las trolas, porque es una conversación llenada de ambigüedades y trampas.

Torra tiene varios lenguajes, que utiliza según, cómo, dónde y con quién. Para rizar el rizo el chisposo Iceta advierte que leer los que Torra escribe invita a evitarle pero que su compañía es grata, amable, buen comensal. ¿Cómo distinguir el pensamiento y la voluntad real, la verdad, distinguiendo y separando lo que una persona escribe y lo que dice en cara a cara? Pura retórica, malabarismo.

Son varias las ocasiones en las que los representantes “indepes” en el Congreso se han despedido de Madrid y han dicho “adiós”. Pero nunca se han ido, no solo no han dejado de cobrar hasta la última dieta sino que proponen leyes, las enmiendan, las argumentan en favor o en contra, votan decisivamente y tumban y elevan gobiernos de España. Se despiden… pero más tarde. En resumen son poco creíbles porque del dicho al hecho hay muchísimo trecho.

Descifrar el discurso “indepe” depende de donde se produce, ante quienes y en qué contexto. De manera que las palabras no tienen valor en sí, sino en función de lo que quieren que el otro entienda o imaginan que va a entender.

Los muñidores de un acuerdo Madrid-Barcelona, Rajoy-Mas a lo largo de los últimos años insistían a ambos en no romper, le pedían a Rajoy que evitara el portazo, que entendieran que una cosa es lo que se dice para que se sepa y otra lo que se espera que se entienda. En resumen mucho chau-chau, es decir palabras de entrenamiento antes de entrar en el fondo, que es mejor evitar para mantener la tensión y la farsa. En el fondo no son pocos los que viven de ese chau-chau.

Así que la importante reunión tenía más de teatro que de negociación, de escenificación que de contrato. Y tal y como están las cosas la sesión va a durar tiempo, no viven mal en el laberinto aunque los encausados pueden empezar a impacientarse si las causas no se paran.  Descifrar a los indepes es meritorio y probablemente inútil.