Brexit es Brexit… o quizá, no tanto

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El domingo la primer ministra británica y líder (?) del Partido Conservador impuso a su gabinete un modelo de Brexit blando, es decir: “salir, pero no del todo”. Y a renglón seguido los ministros más soberanistas y radicales (el de Exteriores y el negociador de la salida) dimitieron. Puede que les siga algún otro colega del “leave la UE”, y que la vieja división interna del Partido Conservador a cuenta del europeísmo liquide el gobierno y se entregue a unas nuevas elecciones. Las cuartas de la década conservadora. Cameron ganó  sin mayoría el año 2010 y tuvo que aliarse con los liberales-demócratas para relevar a los laboristas y liquidar la etapa Blair-Brown. La alianza le obligó a echar al olvido la promesa del referéndum para salir de la UE, una monserga que ha dividido a los conservadores desde hace años.

Las elecciones de 2015 otorgaron a Cameron una mayoría y, consiguientemente, el compromiso del Brexit que el premier no quiso (o no supo) evitar. Lo convocó y lo perdió (no quería ganarlo pero se le fue la mano y la apuesta). Tanto se le fue que dimitió y abrió la puerta al débil liderazgo de la señora May que, montada sobre el referéndum y la crisis profunda de los laboristas, disolvió el Parlamento en junio de 2017 con la aspiración de revalidar la mayoría absoluta y consolidar su liderazgo. Le salió mal, tuvo que pactar con los irlandeses unionistas y con los radicales conservadores que protagonizaron el Brexit y que, cuando ganaron, no supieron administrar la victoria iniciando una negociación confusa y ambigua con los vecinos europeos.

A medida que pasan las semanas se evidencian las complicaciones y la dificultad de la marcha atrás con papeletas tan endemoniadas como la frontera irlandesa o el caso Gibraltar o la pérdida de pujanza de la City que se desplaza a chorros al continente. De hecho parís es hoy ya una plaza financiera tan importante o más que Londres y el baile solo ha empezado.

El escenario que abre la dimisión de los ministros “brexites” es de más inestabilidad y debilidad para May que trata de recomponer el gabinete con encuestas muy desfavorables que no animan a disolver el parlamento y convocar elecciones. El calendario aprieta porque marzo del 2019 está muy cerca y en esa fecha hay que proceder a la peor de las desconexiones: la caótica.

Se abre la ventana a unas elecciones este mismo año con el debate sobre Europa de nuevo en primer plano y la hipótesis de otro referéndum que revise la decisión de hace dos años. Mucho tiempo perdido, mucho desgaste, demasiados líderes de bajísima calidad y deficiente proyecto. La política británica entra en una nueva fase abierta, incierta… pero que puede empezar a revertir la inestabilidad que inauguró hace dos años el referéndum británico.

Todo ello justo cuando el presidente Trump llega a Europa, a Bruselas (OTAN), Londres y Helsinki (cita con Putin) para poner otro clavo en el ataúd de la relación atlántica. Mientras, Sánchez muy entregado a una agenda internacional de fotos y apariencias, trata de apaciguar con  sonrisas y abrazos a los independentistas catalanes.

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