El “Procés”, busca des-inflamador

Los políticos catalanes, en ejercicio o retirados, con los que se puede hablar estos días por los distintos circuitos de universidades, conferencias, coloquios que, con tono veraniego, menudean por todo el país, insisten en destacar que el “procés” se va desinflando, que el ardor de octubre y noviembre va perdiendo energía y que, a poco que se ayude, las cosas volverán a su cauce habitual. En resumen, la tesis de Chaves Nogales en ese libro que hace unos días Pablo Iglesias regaló a Quin Torra Qué pasa en Cataluña?

El periodista sevillano escribió ocho crónicas para Ahora (quizá el mejor diario de Madrid de la época) en febrero de 1936, con el Frente Popular ganador de las elecciones. Trataba de recoger el pulso catalán en un momento tan crítico como aquel, cuando volvía a acariciarse el “estado catalán”, pero en vísperas de la rebelión que encabezaron Mola, Franco…que de golpe de estado mudó a Guerra in-Civil.

La tesis del perspicaz Chaves era que: “en Cataluña no pasará nada”… que los hombres de Esquerra “a los que se les confiere por igual el papel de vanguardia reivindicativa de la burguesía catalana y al mismo tiempo de retaguardia defensiva de la misma…ante la revolución proletaria”. Ese era la cuestión en aquel tiempo. ¿Leerá Torra las crónicas de Chaves… las entenderá o las despreciara como es habitual? El referente de Torra es Xamar, muy por delante de Chaves. Para éste en Cataluña no iba a pasar nada que debiera temer la República.

Ese es uno de los mensajes que llegan ahora desde los entornos moderados o pactistas, que esperan desinflar, primero, y luego buscar un arreglo que pase por concesiones que rebajen la tensión y permitan una retirada honrosa del “procés”, sin tener que asumir que el farol no ha salido, que cuando descubrieron las cartas no había jugada ganadora.

Pero quienes están en Cataluña sostienen que de desinfle nada, que quizá hay pausa, pero en ningún caso repliegue; pausa táctica para con la experiencia acumulada volver a la carga en otra coyuntura más favorable. De Sánchez esperan tregua, concesiones, entendimiento sin ceder en nada esencial. La tesis es militar, estratégica, “posición tomada jamás abandonada” aunque sea disimulando, recurriendo a la astucia tradicional.

Desde el lado socialista y de las otras izquierdas que se dicen “no indepes” la expectativa es semejante, desinflando aspiran llegar a un apaño soportable para que no pase nada irreversible o irremediable. La cuestión es cuándo cada parte sentirá que se satisfacen sus expectativas, es decir medir el grado de resistencia o resiliencia, previo a la ruptura.

Estamos ya en esa fase de mirarse a los ojos hasta ver quien pestañea. Los dirigentes de ERC estarían dispuestos a ser los primeros en dar de lado el unilateralismo, la tabla de máximos, pero sus bases no lo entienden, han salido a la calle, les han vendido Ítaca y se han creído que enfrente tienen una sociedad débil, fracasada, que acabará tan harta de los “indepes” como para pagar un precio por perderles de vista. Eso es lo que les han contado y se han creído.

En realidad no se ha desinflado nada; se ve en las encuestas que mantienen el mismo cuadro, aunque no deben ser pocos los que aspiran a que haya negociación, un pacto que les favorezca y que les permita justificar un pasito atarás, en resumen des-inflamar a cambio de algo. ¿Qué está dispuesto a dar Sánchez?, ¿será suficiente? o tendrá que volver a la alianza constitucional que habilitó el 155 porque no tuvo otra alternativa. Como todo va bastante rápido, la respuesta puede llegar pronto. De momento se trata de desinflamar, al menos en apariencia.