El Rey en Cataluña,  ¿quién es el ofendido?  

Felipe VI

Mañana el rey Felipe inaugurará en Tarragona los Juegos del Mediterráneo en presencia del presidente del Gobierno Pedro Sánchez y, quizás, del presidente de la Generalitat. Desde el entorno de éste último se reclama al Rey un gesto amable (una disculpa pública) como condición previa para asistir. En resumen, se pone precio a lo que es obligación protocolaria, además de buena educación, aspecto éste último muy descuidado por los independentistas catalanes, especialmente cuanto ocupan puestos público.

La portavoz del Gobierno catalán exige una disculpa al Rey por su apoyo a la actuación de la policía el 1 de octubre. El planteamiento es tan tramposo como mentiroso. El Rey nada tuvo que ver con las decisiones del Gobierno durante esa jornada, lo cual no es discutible, es un hecho. Y la pretensión de que el Rey avaló o aprobó los incidentes de esa jornada en su mensaje a la nación del día 3 de octubre es insostenible. Acabo de releer el calculado mensaje del Jefe del Estado y en él no hay la más leve mención o aprobación a la actuación de la policía (de las policías, porque hubo varias y con distinto compromiso mese día). Las palabras del Rey se refieren al marco constitucional, al estado de derecho, al respeto a la ley... con ortodoxia democrática irreprochable.

De manera que el Rey no tiene que pedir disculpa alguna; más aun, si algo cupiera en este sentido es que el Rey requiera a los líderes  independentistas, especialmente a los que ostentan cargos públicos y cobran del Presupuesto, respeto institucional y personal. Con mucho más fundamento que lo que llevó hace unos días al Presidente de la República francesa a requerir educación y maneras a un joven airado, que tan interesante polémica ha provocado.

Los señores Mas, Puigdemont y Torra deben explicaciones y disculpas al rey Felipe por las veces que le han faltado al respeto mucho más allá de lo que es el más amplio derecho a la crítica y al rechazo. La misma exigencia al Rey para que pida perdón a los catalanes, explicitada por la señora Artadi estos días, roza el esperpento y la provocación por falaz y exagerada. Desprecia los hechos que deben ser sagrados. Las opiniones son libres, y los líderes independentistas pueden pensar y decir lo que quieran contra el Rey, contra el Gobierno, contra los españoles, contra los catalanes que no son de su parroquia, pero los hechos son sagrados y no materia modulable y moldeable a voluntad e interés personal.

No es el Rey quien está en falta con los catalanes, ni siquiera con los independentistas. Se equivocará el señor Sánchez, presidente del gobierno, si pasa por alto estas falsedades y maquinaciones. Los catalanes tienen derecho y deber de conocer los datos, y el gobierno tiene que reiterarlo (que no es lo que ha hecho el señor Rajoy, de forma contumaz y errónea, durante demasiados años) por respeto a la verdad, por decencia y por educación.

Si el señor Torra no quiere asistir a la inauguración de los Juegos, es su problema, él sabrá dónde está su deber. Y si asiste lo que estaría fuera de lugar es que reincida en la mala educación, en el abuso de la tolerancia de los demás por aquello de que a esta gente tan hiperventilada (el calificativo es de ellos) hay que aguantar para ir curando. Curar pasa por no manipular los hechos, por no trampear, por dejar las cosas claras. No es el Rey el que ha ofendido, más bien es el ofendido, por representar al pueblo español y catalán, por defender la Constitución, la democracia y el estado de derecho.

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