Rajoy era el tapón, ahora fluye el agua  

Rajoy

Hay indicios de que Rajoy se instalará, al menos en apariencia, en el registro de Santa Pola (Alicante) del que es titular y pasará a ser expresidente, con los atributos que le ley le otorga, y funcionario público en régimen de arancel para abordar su recta final profesional en calma y sin estorbar, que es el undécimo mandamiento de los que se retiran. Un mandamiento que pocos cumplen. Lo hizo Leopoldo Calvo Sotelo, que no estorbó nada, lo cual fue bien para el legado; y, en parte, lo está haciendo Zapatero, que ha estorbado poco durante los últimos seis años que viene ejerciendo de expresidente. No lo hicieron los otros tres presidentes (Suárez, Felipe y Aznar) cuyas sombras siempre fueron alargadas y hasta incómodas para sus parroquias. Rajoy tiene todas las papeletas para ser discreto, forma parte de su carácter.

Ha empezado a serlo dejando al PP a su suerte; no quiere implicarse en la sucesión, ni en la refundación ni en lo que deba hacer ese partido que él ha gobernado sin inmutarse y sin condiciones durante 14 años. Ha sido un experto en silencios y distancias, la historia juzgará su gestión con la perspectiva que da el paso del tiempo y el conocimiento de  documentos y testimonios que iluminarán e ilustrarán el avatar del PP y de Rajoy durante estos años.

Pero hay datos que son evidentes a los pocos días del relevo. Entre los destacados está la distención, algo así como el efecto de quitar el tapón en una bañera con agua estancada desde hace tiempo. En muy pocos días Sánchez (que hasta ahora no ha acreditado que sea un pozo de ideas y proyectos) ha dado varios volantazos a la política  español para cambiarla de pista. Puede ser que todo quede en nada, gestos para la galería, pero ha concitado la atención de las cancillerías y de los medios internacionales.

Ha tomado posición en la cuestión migratoria que es uno de los grandes temas europeos para colocarse en una posición activa con voluntad de opinar en las próximas cumbres. A los independentistas catalanes les ha devaluado algunos de sus argumentos emocionales más frecuentes, especialmente los que difunden en el exterior para movilizar la opinión contra España. Y también ha dejado obsoletas algunas de las proclamas de consumo interior. Nada de eso resuelve el problema pero cambia parte del guion. Es evidente la ambigüedad, que para algunos es debilidad, pero sin Rajoy se abre otra pantalla.

Lo que ha ocurrido estos días en el diálogo social (que no avanzaba ni un milímetro desde hace dos años) se desatasca y es muy probable que en breve haya acuerdo de mínimos e incluso que el Pacto de Toledo alumbre alguna conclusión consensuada que contribuya a serenar ese frente.

Al irse Rajoy se va ese tapón que complicaba el flujo parlamentario, se abre una oportunidad al fluido sin que eso quiera decir que el agua vaya a ser potable, solo desatasco, que no es poco.

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