Màxim, Urdangarin, Lopetegui… vértigo escénico

El escenario se alborota, a la misma hora entran en plano personajes de distintas tramas que complican el guión; los programas de actualidad llenan la parrilla con directo permanente y obligan a tertulianos a la contorsión dialéctica. ¿Se acuerdan de la casa de los jefes de Podemos?, pues ya es aventura amortizada tiempo atrás. El Ministro de Cultura ha pinchado la magia del Gobierno Sánchez cuando no ha cumplido una semana en el cargo. Los nuevos Ministros comprueban que el listón de la moralidad política se puso demasiado alto y hace añicos la reputación con “dos de pipas”. Lo de Máxim Huerta no es lo mismo que lo de Urdangarin pero se parece, este irá a la cárcel y el otro alcanza el eterno privilegio de exministro antes de lo que imaginó. Y para opacar todo el decidido Presidente del Real Madrid ficha un entrenador recién renovado en la selección y desata las pasiones de los forofos del fútbol, los que no ven la viga propia, pero se escandalizan ante la paja del adversario. De todos estos temas van a encontrar cumplida información y comentarios en todos los medios, incluido éste, y no voy a añadir más leña a un fuego que arde lo suficiente.

Prefiero comentarles dos hechos del día que pasarán a cuarto plano y que tienen que ver con un diario tan relevante como La Vanguardia, del que me confieso lector leal cada mañana. Primero la intención de voto para el Ayuntamiento de Barcelona y segundo la conferencia ayer del director de este diario en Madrid en el Foro de la Nueva Comunicación.

La encuesta es relevante, no tanto por el resultado cuanto por los cambios y flujos entre las distintas opciones actuales, que pueden no ser las que concurran el próximo mayo. Una cuarta parte de los votantes cambian de preferencia con curiosos resultados medidos en los dos ejes típicos del mapa catalán. El eje izquierda-derecha bascula hacia la primera (del 53 al 60%) y el eje independentistas-constitucionalistas lo hace a favor de estos últimos (39 vr. 34%, con un 22% a favor de Colau que es lo uno, o lo otro, según convenga.

El mapa municipal de Barcelona está compuesto hoy por siete grupos que hace tres años se ordenaron de la siguiente forma: Colau 25%, PdeC 23%, Ciudadanos 11%, ERC 11%, PSC 10%, PP 9% y CIP 7%. La encuesta realizada la semana pasada (con nuevo Gobierno en España) altera el orden y los porcentajes. Colau sigue primera, 22% (pierde tres puntos). Ciudadanos segundo, gana dos puestos y pasa del 11 al 20%. ERC también gana un puesto y pasa del 11 al 18%. El PSC también gana un puesto (4º) y gana cuatro puntos, del 10 al 15%. Los del PdeC (antes convergencia y ahora Puigdemont y otros)  pasan de 2º a 5º partido y pierden 12 puntos (del 23 al 11%). También pierden votos el PP (del 9% al 4%, que les excluye del consistorio) y las CUP, del 7 al 5%, con riesgo de quedar fuera. Lo interesante es el flujo de votos, la volatilidad, que advierten una sociedad fracturada y atormentada.

El otro dato del día le corresponde a Marius Carol, director de La Vanguardia desde hace cuatro años y medio (El Mundo ha tenido en ese tiempo cinco directores y El País tres). Carol explicó en Madrid, en presencia de sus editores (familia Godó al completo, cuarta y quinta generación) que el diario trata de parecerse a la sociedad catalana y actuar (lo dijo Gaziel) de espejo de esa sociedad e incluso reflector, aunque esa segunda tarea es más complicada. Por eso en el diario hay periodistas y articulistas soberanistas, constitucionalistas e independentistas. La línea editorial es crítica con los independentistas que desbordan las leyes y partidaria del diálogo, de rebajar las tensiones para salir del laberinto, de construir normalidad.

Lo más urgente, lo primero, es el pacto entre los catalanes, luego superar la desafección con España. El director de La Vanguardia se declaró “transversal”, argumentó en favor de la función del editor y de cómo la ejerce la familia Godó, señaló que la edición en español en papel gana el 60% de los lectores y que el 75% de los usuarios de la web (dos millones) llegan de fuera de Cataluña. Y añadió que es probable que en breve La Vanguardia se una a los grandes diarios con plataforma de pago por sus noticias digitales, porque la buena información es cara y hay que pagarla. Me sorprendió que ninguno de los colegas madrileños asistiera al acto, un dato sobre la descortesía dominante.