Días de abundancia, de Zaplana a la Agencia Tributaria

Hay tardes en las que elegir el material informativo discurre por la escasez y otros en los que la abundancia se hace abrumadora. Desde primera hora de la mañana la sucesión de novedades desafía la ley de la gravedad, esa que en periodismo convierte lo último en lo más importante, en perjuicio (o ventaja) de lo anterior. El chalet sometido a plebiscito, la frustración de los indepes en prisión, los Presupuestos 2018… quedan en segundo plano desplazados por la detención de Eduardo Zaplana, sin entrar en precisión procesal sobre su condición a estas horas. Zaplana es un clásico que a muchos enterados tenía asombrados por su fortuna (suerte) a la hora de engrosar la lista de investigados o encausados. Su caída se había anticipado en varias ocasiones desde hace años, pero nunca llegó a materializarse.

Dicen que la investigación judicial es lenta pero apisonadora sistemática. No acierta siempre, a veces se extravía, incluso se extralimita, a veces acierta, pero a cuantos caen bajo su interés les caben recursos, muy garantistas, que no alivian el calvario (la pena de telediario) aunque habilitan salidas. Zaplana es una pieza mayor en la historia de la corrupción política, tanto si acaba condenado como si sale absuelto sin cargos, ni siquiera sospechas probadas. En cualquier caso… que le iba a tocar estaba en la mayor parte de los pronósticos.

Pero no me quiero detener en el caso Zaplana sobre el que sobrará información y comentarios estos días y los próximos. Lo que me llamó la atención ayer fue la citación judicial al Secretario de Estado de Hacienda y Presidente de la Agencia Tributaria (responsable de los impuestos y no del Presupuesto). La juez le requiere por sus actuaciones como Alcalde de Jaén entre 2011 y 2015, por contratos que pudieran resultar abusivos. No presupone nada más que hay investigación y que el asunto viene rebotado desde hace años, y que en su momento fue descartado por la Fiscalía.

Lo que me llama la atención es el currículum de señor José Enrique Fernández Moya (Jaén, 1969) que le condujo a encabezar la Agencia Tributaria, una responsabilidad con claro perfil técnico y alta cualificación en cualquier Estado. Un cargo como pocos en cuanto a exigencias de idoneidad. No puede ser cargo y empleo de adjudicación graciable, arbitraria y voluntarista de cada Ministro, como si se tratara de un asesor personal.

El señor Fernández Moya es doctor en derecho por la universidad de Jaén y ha sido profesor titular de derecho financiero en la misma universidad. No he encontrado obra publicada o conocida como académico pero es lógico en un caso tan lineal de carrera política de escalador aplicado. Antes de acabar la carrera era Presidente de las Nuevas Generaciones del PP, al poco de acabarla, estrenado el 30 aniversario, era Concejal (1999-07) de Jaén, Parlamentario andaluz (2004-2011), Senador (2011) Alcalde (2011-15), Diputado en el Congreso (2015) y desde 2016 Secretario de Estado de Hacienda y Presidente de la Agencia Tributaria. Es razonable pensar que el ministro Montoro, de Jaén, y diputado por esa provincia en anteriores legislaturas, conocía a su paisano y compañero de partido y que eso ayudó al salto a la capital.

Quiero pensar que es una persona valiosa y capaz, pero dudo mucho que en una lista larga, de hasta cien candidatos, para encabezar la Agencia Tributaria el profesor de la Universidad de Jaén no aparecería ni al final de la cola. He tratado de encontrar obra o rastro de su gestión durante estos dos años de ejercicio y no aparece nada significativo. Si aparecen en las búsquedas la citación judicial y también el dato de que recibió de los socialistas un Ayuntamiento muy endeudado el año 2011 (uno de los más endeudados de España) y cedió el mismo Ayuntamiento endeudado, más allá de los límites tolerables ¿No les parece tan asombroso como deprimente? ¿No hay otras personas más idóneas para una tarea tan importante como la Secretaría de Estado de Hacienda? ¿Cuáles son los méritos?