Las palabras, los escritos… no importan, ¿en serio?

El “proces” nos va deparando desde hace meses situaciones insólitas, que  muchos califican de “kafkianas”. El recién salido libro del historiador Jordi Canal titulado “Con permiso de Kafka” (Península) es buena prueba de ello. Su lectura es muy recomendable para entender lo que viene ocurriendo, incluida la peculiar conferencia de prensa de Berlín de la pareja presidencial Puigdemont-Torra.

Entre las anomalías y extravagancias de estos días me llamó la atención el argumento de Rajoy (un desastre sin paliativos, un marmolillo, como le caracterizó hace años López Burniol), al que se ha sumado Iñigo Errejón, de que las palabras, los escritos no importan; que lo importante son los actos, los hechos. Para cuantos nos dedicamos a escribir, a hablar, a utilizar la palabra como herramienta de comunicación, de debate, de progreso… la palabra nos viste, nos hace personas, útiles, con derechos y deberes. Si la palabra es estéril, inane ¿cómo entender y entenderse?

Los escritos del señor Torra son relevantes, forman parte de su biografía, son el espejo que reflejan sus pensamientos y sus intenciones, son las credenciales con las que busca que se le otorgue confianza. Pero Torra (y antes Puigdemont) no encabezó una lista, no lideró una oferta electoral, iba de acompañante menor en una lista.

La democracia permite expresar todas las opciones, incluso las abyectas. Precisamente la democracia española es de las más abiertas y tolerantes de Europa, que quiere decir del mundo. Una democracia que se ha protegido poco, menos, desde luego, que la británica o la alemana. Lo que los “indepes” han hecho y lo que el señor Torra ha escrito, tendría problemas de opinión pública, e incluso con la justica en esos países.

Las credenciales ideológicas del señor Torra, que va a ser presidente de Cataluña con votos de derecha e izquierda, son claramente supremacistas y xenófobas, un derechismo clásico, como hay otros en Europa que cursan como patología: De hecho sus convicciones responden a argumentos muy simplistas, los que caracterizan al populismo de peor nivel y condición. Y ese sustrato ideológico es importante cuando  se pretende ejercer una función pública, cuando se  trata de representar a una amplia base de la ciudadanía. Lo excepcional no está en España y su política, la anomalía radica en Cataluña y en la estrategia y actuación de los “indepes”

Cuando el señor Torra era una persona particular, un activista social y político, su pensamiento apenas tenía relevancia; cada cual puede pensar como le venga en gana. Pero desde el día y la hora en que se da el salto a la esfera representativa, a la función pública, sus escritos y sus palabras tiene otro valor y deben ser analizadas y juzgadas. ¿No había en el independentismo una persona con mejores credenciales?  O es que las del señor Torra son las de este independentismo irredento. Las palabras importan, expresan pensamientos e intenciones. Y si el señor Rajoy quiere quitarlas importancia es que forma parte del problema y no de la solución.