Todos contra Rivera ¿tanto peligro tiene?

Las críticas a Albert Rivera dominan el escenario político con una escalada que va de los patético a lo cómico. Cómico es que el portavoz de los independentistas en el Congreso de los diputados advierta que el líder de Ciudadanos es un “peligro” para España, ¿tanto le preocupa España al señor Campuzano? Sin más comentarios por los extemporáneo del comentario. Y patético parece que el presidente del gobierno, poco dado al chascarrillo o al argot, utilice un “palabro” tan evanescente como “aprovechategui” para descalificar a su principal adversario, el que capitaliza los votantes que el PP-Rajoy pierden cada semana a raudales por méritos (deméritos) propios.

El “aprovechategui” que el corresponsal del New York Times trasladó a su crónica (¡qué nivel!) armó un buen taco en internet y en las costumbres del diario neoyorquino que cuando utiliza una palabra nueva, nunca utilizada antes, suele dar una explicación. La versión que el corresponsal (suizo de origen) ha dado es “gorrón”, que es una de las posibles, aunque no la mejor. La palabra no existe en el diccionario ni en la lista de las probables ya que su uso es limitado, coloquial con significado bastante equívoco. Por un lado tiene un sesgo despectivo (ventajista sin escrúpulos) pero por otro puede pretender señalar un comportamiento entre pragmático y oportunismo.

Me parece que el debate tiene poco recorrido, fuegos artificiales para llamar la atención y molestar, para señalar y marcar tendencia a los demás a los que anima a sacudir al “muñeco”. Eso es lo que han hecho de inmediato todos los voceros del PP y sus entornos que ven a Ciudadanos el principal enemigo a batir. Rivera le cae gordo a Rajoy, se le atragantó desde el primer día; tanto o más que Aznar a González. A partir de esas antipatías “a la persona” se quebrantó el espíritu constitucional de consenso desde finales del siglo pasado. Suárez y González se dijeron de todo durante sus confrontaciones parlamentarias, pero nunca se perdieron el respeto y la voluntad de diálogo. Eso acabó con González y Aznar, funcionó mal entre Zapatero y Rajoy; y aun peor entre Rajoy y Rivera, en este caso por una mezcla de razones generacionales y competitivas.

A la inquina de Rajoy contra Rivera se une la de los demás líderes políticos que en el joven catalán, un competidor con suerte, con el viento a favor lo cual les anima a la crítica más despiadada. El fenómeno sirve para medir por un lado la resistencia del mentón de Rivera, su valentía. Adolfo Suárez era, entre otras cosas, muy valiente y bastante resistente, aunque le sobraba amor propio. González tenía y tiene enorme capacidad para la distancia e incluso el desdén. Aznar no parece pertenecer a este mundo y Rajoy se presenta como ausente, no va con él.

¿Cómo es Rivera? Sabemos que todavía es joven y que no está sobrado de experiencia. Pero ha llevado a un partido con pinta de minoritario y local a alcanzar la condición de ganador, de partido de gobierno. Y eso es señal de que algo hay en el personaje para aspirar al liderazgo. Más aun, la inquina que le muestran todos los adversarios a uno y otro lado, indica que cuenta, que le temen y que pretenden apearle antes de competir en buena lid. Ahora nos queda verificar la resistencia del personaje, su capacidad, estilo y talante para responder y aprovechar la presión de sus adversarios para convertirla en fortaleza propia.

De momento lo que parece claro es que van a por él, luego algo tendrá para merecer tanta consideración. Se ha convertido en el personaje a batir, por lo civil o lo criminal, ¿como Messi?