Rajoy se despereza y asume que “gobernar es gastar”

Peridis pinta desde hace años a Rajoy en el diván, en siesta más que en terapias, una intuición que un viñetista de tanto experiencia y talento capta como pocos No son pocos los que sostienen que a Rajoy le gusta dejar que los problemas maduren (incluso que se pudran) antes de entrar en materia, que es de los que piensan que el paso del tiempo resuelve muchos problemas y que anticiparse puede ser peor.

Parece que esta semana se desperezó, salió del diván, pidió que le llevaran los expedientes urgentes y tomó decisiones, en concreto sobre re los tres NO a los que aludí en esta misma columna el pasado lunes: Cifuentes, Presupuestos y gobierno catalán. Ha roto los nudos y despejado el camino para los tres problemas.

Cifuentes a la calle, antes del 2 de mayo, antes de que menudearan las preguntas al Presidente en cuanto pisa la calle, antes de que venza el plazo de la moción de censura. A Cospedal le tocó el trago de señalar la puerta de la calle del caserón de Correos en la Puerta del Sol y su colega de partido. Palabra de Rajoy, palabra ley; Cifuentes compareció para desdecirse de sus anteriores afirmaciones bizarras.

Previamente el Presidente del PP y del gobierno tomó otra decisión más trascendente y pragmática, rebajar la presión contra los independentistas catalanes y renunciar al recurso del gobierno ante el Constitucional  para evitar el voto delegado de los huidos. Sin ese recurso la mayoría minoritaria de los “indepes” (sin los cuatro de la CUP) puede investir en segunda votación un nuevo presidente de la Generalitat que designe un gobierno y habilite poner punto final a la intervención del 155.

Para desanudar este segundo nudo Rajoy ha escuchado al presidente del PNV con el que se reunió en la Moncloa el martes. Los nacionalistas vacos han reconducido la crisis del “proces” fuera del carril del 155, que ha sido su objetivo desde que estalló la crisis. De paso el PNV ha revalidado su apoyo a los Presupuestos, probablemente el objetivo central de Rajoy esta semana, subiendo el precio. No lo ha hecho con reivindicaciones previsibles (competencias, presos…) sino con algo mucho más pragmático que no tiene coste para el PNV y su autonomía pero si rendimiento electoral y prueba de poder en la negociación.

Mediante una conversación de tarde el PNV ha desbaratado la estrategia de sostenibilidad del sistema de pensiones y arruinado la reforma patrocinada por el gobierno Rajoy el año 2012. Una de sus reformas estrella por las que sacaba pecho en Europa y ante los mercados fulminada en una conversación política opaca, sin números ni expertos. La chulería, la autosuficiencia con la que el portavoz parlamentario del PNV anunció en el Congreso una decisión tan importante como la subida de las pensiones en 2018 y 2019 acredita la avería del sistema democrático español, la irrelevancia del gobierno del PP y la condición de Rajoy (que algún amable lector me ha recriminado) como “desastre sin paliativos”.

Sin estudio, sin explicaciones, para ganar una votación y sostener la legislatura Rajoy ha sumado dos décimas de PIB al déficit de este y de los próximos años, precisamente cuando el control del déficit empezaba a ser verosímil. Estos Presupuestos eran razonables para las posibilidades del Gobierno pero tras el pacto con los vascos pasan a ser unos Presupuestos insensatos y chapuceros. Ayer fue un día infame, por Cifuentes y, sobre todo, por Rajoy que no ha dado ni la más somera explicación de sus irresponsables y temerarias decisiones.