El gobierno se mete (o le meten) en problemas

Abrir las paredes del Valle de los Caídos no ha sido fácil; incluso la sentencia de un juez ha encontrado resistencia y las familias que han litigado para rescatar los cadáveres de sus parientes han tenido que superar obstáculos incomprensibles, incluida la cerrazón metal del prior del convento que ha tenido que ser desautorizado por la Conferencia Episcopal. Y cuando las dificultades se allanan, cuando el Patrimonio Nacional (el gobierno) propicia que se cumpla la sentencia a los familiares se les prohíben el acceso por decisión administrativa. ¿Quién es el genio que toma estas decisiones? ¿Será un infiltrado que busca crear problemas, armar follón del que el gobierno solo puede salir trasquilado y trasladar un tufo franquista estúpido e inútil?

Resucitar el espantajo del franquismo a estas alturas del siglo XXI, muchas décadas después del punto final de aquel régimen autoritario solo interesa a una izquierda nostálgica y trasnochada a la que una derecha más fuera de los tiempos da oxígeno.

La misma (i)lógica aparece detrás de quien diera la orden de requisar camisetas amarillas y otros símbolos semejantes en los alrededores del estadio donde el Barça logró un abrumador triunfo y su 30ª Copa de España. Las imágenes de los bidones con unas decenas o centenas de camisetas amarillas ocuparon gran espacio en los noticiarios para reforzar la idea de un gobierno represor que insiste el restar espacio a las libertados y proporcionar argumentos (demagógicos y tramposos, pero argumentos) a los “indepes”. No les faltan razones a éstos cuando, con amplia sonrisa y manifiesta superioridad, sostienen que cuando pasan por algún problema vienen patriotas españoles  a echarles una mano.

Un gobierno débil como el actual, un partido acogotado como el PP, debería dar más espacio a la inteligencia estratégica y táctica, y evitar meterse en más problemas de los que ya padece, que no son pocos. Para electores tradicionales del centro derecha empieza ser difícil entender qué pretende un gobierno sin iniciativa, a remolque de los acontecimientos y con unos argumentos tan pobres y falaces. Escuchar al portavoz del PP en la Asamblea de Madrid que el código ético de su partido el más exigente de todos solo apunta a que ha perdido el sentido de realidad y navega por un mundo imaginado o paralelo.

La intención de voto del PP está en caída libre y ellos deben saberlo a poco que se fijen en los datos, en sus propios datos. Pero no paran de meterse en nuevos problemas tan innecesarios como estúpidos. No es que Ciudadanos les estén ganando es que ellos se autodestruyen. ¡Vaya tropa!, diría Romanones.