¡Bendito EGM!, todos contentos

Hay un dicho tópico que sostiene que existen mentiras, grandes mentiras y estadísticas y otro que lo completa con la proposición de que una estadística (o una encuesta) debidamente torturada canta lo que el torturador quiera. Si aplicamos estas frases al Estudio General de Medios que es el medidor de las audiencias radiofónicas (no hay otro) y uno de los que pesan la difusión de la prensa escrita, su validez gana muchos enteros.

El EGM ha alcanzado ahora un estado de felicidad sorprendente, ya no tiene víctimas, es decir perdedores. La mayoría de los medios medidos han encontrado una explicación tras la correspondiente tortura de los datos que les va bien. Si atendemos a como las emisoras de radio han analizado los datos de la última oleada del EGM todos han resultado ganadores, todos son los que más crecen en algo. El uno mantiene la hegemonía, pero el que le sigue ha ganado más audiencia en porcentaje y otro en números absolutos; el uno cuenta lo bien que le va una franja horario y en otro algún programa estrella. Y con los diarios pasa algo parecido aunque menos acusado, quizá porque lo escrito deja más huella y los diarios con más cautos que las radios donde el hablar por hablar forma parte de la naturaleza del negocio.

El sorprendente que periodistas con trayectoria, con prestigio y fundamento se rindan a la propaganda de la casa y al botafumeiro estúpido que no creen ni los más crédulos. Pero aun, tertulianos coyunturales, que hoy emiten por una señal y al rato por otra competidora se unen a esa feria de vanidades sin ruborizarse, quizá si lo hacen aunque no se note.

¿A ninguno se le ocurre que algún cliente puede pensar que si tienen tan poco rigor y seriedad con esas cosas tampoco la tendrán con lo demás que es mucho más complicado? Las medias verdades son peores que las mentiras, la manipulación de los datos les desnaturaliza hasta convertirles en inútiles.

Hay que reconocer un mérito al EGM, deja a todos contentos, más aun que las encuestas electorales que también sufren tortura para que canten lo que los analizados pretenden confundiendo deseos y sueños con realidades y tendencias. El resultado es que el ciudadano con criterio desconfía, entiende que es basurilla irrelevante a la que no hay que hacer más caso que la que resulta de aplicar aquello de “dime de qué presumes y te diré de qué careces”.