Montoro hace los deberes con unos Presupuestos razonablemente electorales

Cristóbal Montoro acumula experiencia presupuestaria como nadie en España, habría que remontarse a José Barea en los años setenta para encontrar un equivalente. Ha preparado, presentado y defendido más de una decena de Presupuestos, los que van de 2001 ya 2004 (etapa Aznar con mayoría absoluta) y los que van de 2012 a 2018 (etapa Rajoy). Y la experiencia supone un grado; el proyecto que aprobó el Gobierno ayer y que Montoro espera sacar adelante en junio bien sea con el concurso del PNV o de algunos otros diputados captados a última hora es oportuno y oportunista, legítimamente electoralista, construido con el viento a favor (tipos bajos con soporte del BCE) y alentado por las pésimas expectativas electorales del partido del gobierno.

Montoro ha utilizado los márgenes que otorga el crecimiento, que siempre es procíclico para la  recaudación, para dar satisfacción a los insatisfechos, para taponar boquetes electorales con dinero. ¿Hubiera propuesto las mejoras de las pensiones sin las recientes movilizaciones?, ¿hubiera planteado la equiparación de sueltos de policías sin el clima creado tras el “procés” catalán?, ¿hubiera cerrado el pacto trianual con sindicatos de funcionarios para mejorar sus retribuciones sin el miedo a perder sus votos? Son preguntas pertinentes que no tienen respuesta objetiva pero los hechos son contundentes: el PP propone mejoras sustanciales de las pensiones medias y bajas (como nadie hizo antes); el Gobierno concreta la equiparación de las fuerzas de seguridad y Montoro pacta con los funcionarios públicos una mejora sustantiva de las retribuciones.

Albert Rivera se ha apresurado a apuntarse algunas bazas y no le falta razón, pero tampoco puede negar que Montoro ha asumido el liderazgo de la operación para trasladar parte de la recuperación a los más perjudicados por la recesión (no a todos pero sí a muchos). Porque la oferta de reducción de IRPF, de mejora de salarios públicos y pensiones bajas es evidente; El ministro no será el más simpático de la clase pero se sabe la asignatura y ha ofrecido a Rajoy bazas electorales de buen calibre. Otra cuestión es si son suficientes para evitar la debacle del PP que apuntan las encuestas.

Estamos ante un presupuesto electoralista, pero sin estridencias, lo que ofrece es posible y razonable; quizá no sea lo mejor desde el punto de vista de la mejor política económica y presupuestaria pero es verosímil y se puede explicar incluso desde la baja credibilidad que sufre hoy el gobierno. Otra cuestión es que acierten a explicarlo y que sus votantes tradicionales lo entiendan y asuman.

También la oposición socialista y nacionalista va a tener que explicar su negativa al proyecto, incluida la renuncia a mejorarlo con una negociación inteligente. El PNV está atrapado en su temor a un retroceso en la autonomía pero con el temor añadido a perder influencia en la política española. Y los socialistas siguen enredados en el NO es No (menos cuando es SI) que resta oportunidades al pragmatismo y les instala en una oposición crónica.

Sin Presupuestos el Gobierno Rajoy está acabado; con Presupuestos quizá también, pero ganaría tiempo para que los demás se equivoquen tanto como para devolverles margen  de maniobra incluso para relevar a Rajoy e intentar regenerarse.