La “astucia indepe” tropieza con el banquillo

Fue el táctico Miquel Iceta (algunos le llaman pastelero) el que advirtió a los soberanistas hace ya un par de años que un par de abogados frenarían el viaje a la independencia en cuanto el Estado se pusiera a la tarea. No han sido los abogados del Estado sino un juez instructor que pertenece a otro poder del Estado, el que tiene encomendado el cumplimiento de la ley. Los sucesivos autos de una jueza de la Audiencia Nacional y de un juez del Supremo y antes las sentencias del Constitucional han conducido el tren del independentismo a una vía muerta.

Santi Vila en su testimonial libro “De héroes y traidores” relata su visión del “procés” y deja en evidencia su inconsistencia. Alude a la “abnegada camarilla de los conjurados…determinada a seguir adelante” y aunque trata de redimir a sus viejos compañeros y evita identificar a esa camarilla fanatizada (el calificativo es suyo) y lamenta no haberse apeado antes de ese tren. Jordi Amat en otro de los textos breves pero esclarecedores del “procos”, lo titula “la conjura de los irresponsables”. Ambos libros, panfletos en opinión de Amat, ofrecen una crónica tan lúcida como decepcionante de una aventura mal planteada y peor ejecutada.

El pronóstico de Iceta tenía mucho sentido, desde luego mucho más que aquella afirmación de Artur Mas, también de hace un par de años, cuando apelaba a la “astucia” como arma decisiva para alcanzar los objetivos. Aunque Mas nunca concretó los objetivos reales ya que es mucho lo que indica que su plan era tensionar la situación para abordar una negociación en condiciones más favorables.

No deja de ser una curiosa paradoja que la semana en la que el juez instructor decidió el procesamiento por “rebelión” del estado mayor  “indepe” el rating del odiado estado represor, España, recuperara el escalón del piso A, mientras que el rating catalán sigue hundido fuera del “grado inversión”. Hundir el rating del reino de España era uno de los presupuestos de Mas y la camarilla “indepe” cuando iniciaron, allá por 2014, el viaje del referéndum con esa primera estación para alcanzar la meta de la independencia.

Las intervenciones de estos días de los portavoces independentistas en el Parlament, con motivo de la fallida investidura  de Turull, además del tono funerario de todas ellas llamaban la atención por su virulencia verbal contra la democracia española que cegaban cualquier atisbo de pragmatismo, posibilismo o tarradellismo… El duende ha salido de la lámpara y devolverle a su sitio va a requerir mucho tiempo y bastante trajín. El “procos”  está en vía muerta pero el independentismo sigue vivo y los indepes no se van a apear de su ensoñación alentada desde hace muchos años. Si solucionar un problema político suele llevar el doble de tiempo de lo que tardó en crearse la salida de la crisis catalana llevará generaciones.

El concepto “hiperventilados” acuñado por los propios “indepes” define bien el estado emocional y la determinación de quienes viven en ese estado. Y no son pocos y tardarán en cansarse. Ahora hay que gestionar las respuestas en la calle, las movilizaciones, la hipotética huelga general y las maniobras parlamentarias (incluidas las CUP y los Comunes) para habilitar un gobierno y recuperar el control total del Presupuesto (en realidad sigue en manos de independentistas, aunque con riesgo de cruzar líneas rojas con responsabilidades personales). El serial será largo,  varias temporadas, con cambios de protagonistas y emociones garantizadas.  La “astucia indepe” no ha sido tan efectiva y brillante como pretendían. De momento el flemático Puigdemont ha incurrido en la peor de las hipótesis para sentarse en el banquillo.