La manía de los contratos temporales

El pasado día 14, en el marco del CES (Consejo Económico Social) que preside Marcos Peña y al que gobierno y oposición no hacen el menor caso, el secretario de CCOO, Unai Sordo, presentó un documento titulado “Una propuesta para terminar con el exceso de contratación temporal”. El documento apenas ha tenido difusión en los medios, atentos a otras materias; ni siquiera las páginas web del CES y de CCOO han colgado el documento reducido a un resumen a modo de nota de prensa. No hubiera sido muy laborioso colgar el video de las intervenciones de la jornada para que cuantos están interesados en el problema tuvieran acceso a esas propuestas. La alerta me ha llegado por el artículo del profesor Antón Costas en “Negocios” (EL PAIS) que participó en la jornada del CES y escuchó de primera mano al secretario general de CCOO.

En la lista corta de la docena, incluso media docena, de los problemas urgentes e importantes para los españoles aparece el empleo (primer problema) y entre sus primeros epígrafes: precariedad y temporalidad. Por tanto todo lo que se mueva en ese sentido debería interesar a la gente y, especialmente, a los medios.

El resumen que he leído de la intervención de Unai Sordo me ha parecido convencional, un tanto arbitrista, pero es mucho más que nada. Más interesante me ha parecido el apunte del profesor Costas en su artículo  sobre lo que él llama, muy generosamente, “cultura” de la temporalidad. Yo le llamaría “manía” o “anomalía” o “malpráctica”.

Sostiene Costas que los empresarios que merecen ese nombre (la mayoría) saben que el contrato temporal es deficiente, va contra la productividad, la buena reputación, la estabilidad… y además apenas ofrece ventajas ya que las leyes han ido penalizando ese tipo de contratos. ¿Por qué siguen siendo los contratos más frecuentes? Básicamente por comodidad, porque dejar morir un contrato temporal es sencillo e indoloro, evita conflictividad y parece natural. Los propios sindicatos son cómplices de esa “cultura” (anomalía o manía).

La propuesta sindical es recuperar la negociación colectiva sectorial o territorial, por encima de la de empresa. No estoy nada seguro de que esa sea la solución porque cuando ese era el modelo dominante la temporalidad también era muy alta. Contra las manías (“cultura”) hay que proceder con más argumentos de los legales, aunque también con normas. Por ejemplo, me parece que la estrategia del contrato único  el que propusieron buena parte de los economistas más expertos en asuntos de empleo que ha asumido Ciudadanos merece una oportunidad. Sabemos que hasta ahora y desde la crisis de los años setenta ningún marco laboral, ni el antiguo de las ordenanzas ni las siete reformas laborales practicadas por todos los gobiernos (sin consenso), han servido para limitar la temporalidad que lleva a la precariedad.

El debate del CES era oportuno, que no le hayan hecho el menor caso es parte del problema, y señalarlo me parece que es un deber ciudadano. Sin la temporalidad que lleva a la precariedad los españoles seríamos más felices y España una patria más confortable.