Rajoy no pierde más de lo perdido y el PSOE derrapa

Rajoy salió mucho mejor librado de lo que algunos esperaban del debate sobre las pensiones en el Congreso ajustado a un formato que le iba bien al gobierno. Rajoy tendrá su espacio en la historia, seguramente poco brillante por desempeño e iniciativa, pero nadie puede negar su habilidad como parlamentario. Ayer lo demostró con creces tanto en la intervención inicial como en las posteriores de respuesta a los portavoces de los grupos parlamentarios. Rajoy presentó el cuadro de situación del modelo de pensiones, mostró confianza sobre el futuro y apuntó algunas medidas a corto plazo (insuficientes aunque oportunas) para sostener el sistema. Además tuvo la picardía o el oportunismo de vincular algunas mejoras de las pensiones a los Presupuestos 2018 que, según dijo, el gobierno aprobará y enviará al Congreso este mismo mes.

Aprobar los Presupuestos es en estos momentos la prioridad del Gobierno para estirar la legislatura e intentar llevarla hasta el 2020. De manera que no extraña que trate hacer de la necesidad virtud vinculando medidas sociales poco discutibles a la aprobación de las cuentas para el año. Otra cuestión es que consiga sumar los votos que necesita para aprobar las cuentas.

Quizá lo más llamativo de la sesión fue el papel (papelón) de los socialistas con una portavoz que leal a su condición de opositora avezada subió a la tribuna sin papeles para construir lo más parecido a una soflama que a no pocos de sus compañeros de partido que conocen la materia puede abochornarlos por insolvente, infantil, arrogante e inconsistente. Un partido como el PSOE que ha sido protagonista principal de la construcción y reforma del actual sistema de pensiones no puede ofrecer un plan tan pobre y torpe como el que desplegó la magistrada Robles.

Parece obvio que el NeoPSOE está más preocupado por volver ocupar el territorio que se fue a Podemos que por mostrar capacidad de gobierno. El NeoPSOE mira a la izquierda y a restar banderas a Podemos y olvida lo demás. Al PP de Rajoy ni agua, ya le dieron su abstención en la investidura pero fue el PSOE antiguo, el nuevo está en la oposición permanente. La propuesta socialista para subir las pensiones pasa por aumentar los ingresos, por incorporar nuevos impuestos. Por eso se les ha ocurrido el impuesto extraordinario sobre los beneficios de los bancos, una propuesta que suena bien sin entrar en detalles. El problema está en los detalles que no se les pueden escapar a los dirigentes socialistas. Más impuestos a los bancos significas menos beneficios y, por ello, menos dividendos lo cual lleva inevitablemente a recortes en las cotizaciones, es decir menor capitalización de los bancos que afecta a su solvencia y lleva a la búsqueda de capital y, quizá, a nuevos rescates o algo peor. La lógica es implacable y a los expertos socialistas no se les pueden escapar esos pequeños detalles porque si se les escapan sería muy malo y si hacen caso omiso aun peor. Quizá la magistrada Robles no tenga en cuenta esos detalles, no es lo suyo, pero los que preparan los papeles no pueden ignorar las consecuencias de las propuestas si llegaran a aplicarse.

Las propuestas de Podemos expuestas por su líder máximo fueron las previsibles, del rango del cuento de la lechera que vende el queso antes de obtener la materia prima. Proponen con énfasis suprimir la desgravación de las aportaciones a fondos de pensiones que afecta a varios millones de personas, fundamentalmente clase media. Es una resta de la base imponible que se convierte en suma años más tarde cuando se rescata el plan; en su momento será lo comido por lo servido, de manera que no es una fuente de recaudación tan caudalosa como aparenta. Más aun dicen que ese beneficio fiscal supone casi 2.000 millones de euros, aunque la letra del Presupuesto 2017 dice que para el año 2016 esa cifra era de 901 millones€ y para el 2017 se estimaba en 783m€. De manera que no es tanta recaudación como dicen. Al margen que deshacer este modelo de ahorro individual provisorio que tiene 320 años de vida y que es habitual en todos los países serios del mundo tiene consecuencias que conviene tener en cuenta.

Ciudadanos tenía una prueba en este debate, debía mostrar “gobernabilidad”, ideas, iniciativa y capacidad para proponer. Albert Rivera cumplió sin impresionar; evitó compromisos y promesas de difícil cumplimiento, pero al mismo tiempo propuso algunas medidas inteligentes y viables a corto plazo que contribuirían a la sostenibilidad del sistema.

En resumen un debate interesante aunque quizá inútil ya que para unos se trataba de superarlo sin mayor daño y para otros dañar todo lo posible al gobierno. Puede que todos hayan salido dañados a los ojos de los pensionistas airados que siguen diciendo: y de lo mío ¿qué?