Pensiones: un debate oportunista y tramposo

A las nueve de la mañana el Presidente del Gobierno se subirá a la tribuna del Congreso para hablar de pensiones, para debatir con la oposición sobre uno de los temas más candentes del momento: la sostenibilidad de las pensiones. La movilización de los pensionistas para reclamar la actualización con el IPC de las pensiones ha escalado a la agenda política electoral como oportunidad y como riesgo para todos los partidos. La oposición ve una buena oportunidad para debilitar al PP y a Rajoy calificándoles como enemigos del sistema de los pensionistas que han sido hasta ahora su principal caladero de votos.

Rajoy es tan consciente del riesgo que se adelantó a solicitar la comparecencia para un debate monográfico con el procedimiento más favorable. No está tan claro que sea igual de consciente de que llega al debate como perdedor, que sus argumentos salen perjudicados de antemano, tal y como pudo comprobar Gerardo Camps, portavoz del PP elegido para debatir el pasado domingo en “El Objetivo” de Ana Pastor. Este Camps (nada que ver con el airado homónimo que fue presidente valenciano) fue secretario de Estado de Seguridad Social y se sabe el tema pero en ese debate naufragó ante la embestida de pensionistas enfadados y de opositores al ataque. Fue un debate agrio, insolvente y preñado de demagogia. La oposición cree que ha mordido presa y no la va a soltar. El representante de Ciudadanos surfeó el debate con manifiesta inexperiencia y evidente impericia, mientras los representantes del PSOE y de Podemos se vestían de Papa Noel repartiendo y prometiendo.

Rajoy puede subirse al estrado y empezar reconociendo que el año 2011, cuando se opuso a la reforma del PSOE (aprobada con los votos del PSOE y CiU, la abstención del PNV y el voto en contra de PP, IU y ERC) se equivocó, que fue una decisión electoralista para socavar al gobierno. El portavoz del PP (que hoy es secretario de Estado de la Seguridad Social) proclamó enfático que era una reforma in justa e incoherente. Mientras que el de CiU, Campuzano, la calificó de imprescindible. Aquella reforma entre otras decisiones extendió progresivamente la edad de jubilación hasta los 67 años, amplió a 25 el período de cómputo de la base de la prestación, trasladó a las empresas el coste de subsidio de paro en los EREs de grandes empresas, comprometió que las pensiones de viudedad elevaran del 52 al 60% el porcentaje de cálculo de las mismas…

Rajoy ha reconocido en privado el error, pero nunca en público. Dos años después su gobierno amplió la reforma con la introducción del “factor de sostenibilidad” que estaba planteado en la reforma anterior y que concretó una comisión de expertos. Una reforma que, entre otras medidas, descartó el criterio de actualización de la pensión con el IPV para mantener la capacidad adquisitiva. Una decisión de calado que debió explicarse con diligencia e inteligencia. No se hizo porque las mayorías absolutas enturbian la mente. Unos años excepcionales sin inflación (2014-16) neutralizaron el impacto del “coeficiente” pero este año y el pasado la inflación crece por encima del 0,25% que estableció aquella ley para actualizar las pensiones cuando hubiera déficit en el sistema. El PSOE devolvió la afrenta al PP y votó en contra.

Ahora la oposición (PSOE y Podemos, nacionalistas) va a defender que el IPC sea el rector de la actualización del sistema así como que el déficit se financie con nuevos impuestos que ya han calculado con la técnica del cuento de la lechera. Rajoy va a defender reformas pactadas, progresivas, y a insistir en la sostenibilidad del modelo a medio y largo plazo. Sospecho que serán palabras que caerán en el vacío, incluso aunque las plantee con brillantez (lo cual no es seguro) porque el discurso dominante va por otro lado.

Para Rivera y Ciudadanos el panorama no es halagüeño, no quieren deslizarse hacia la demagogia pero su argumento central: para que haya pensiones hay que crear empleo, por sustancial y realista que sea no tranquiliza a los manifestantes ni a una opinión pública entregada al derrotismo y a protesta.

Sospecho que será un debate tramposo y oportunista, preñado de trampas y de números torturados para que canten lo que el portavoz quiera. Un debate electoralista en el peor sentido del término. Otra oportunidad perdida para que lo que hoy funciona lo haga mejor y con futuro, con sostenibilidad.